El presidente Donald Trump anunció una suspensión de 90 días a la mayoría de los aranceles, excepto a China, tras intensas presiones del Partido Republicano. La decisión, que llegó en medio de una preocupante caída del mercado bursátil y advertencias de recesión por parte de economistas, fue recibida con alivio en un almuerzo del Senado, donde los legisladores celebraron la noticia con vítores y sonrisas.
Durante las horas previas, el escepticismo republicano frente a la política arancelaria de Trump había alcanzado niveles inusuales. Aunque evitaron criticarlo directamente, varios senadores manifestaron su preocupación por el impacto en la industria y la economía. El senador Thom Tillis, por ejemplo, llegó a cuestionar con ironía a qué asesor de la Casa Blanca debía responsabilizar si se desataba una crisis económica.
El desconcierto fue evidente incluso dentro del gobierno. Mientras testificaba ante el Congreso, el representante de Comercio Jamieson Greer desconocía el inminente cambio anunciado por Trump, lo que alimentó las críticas sobre la falta de previsibilidad de la administración.
Los demócratas no tardaron en calificar al gobierno como “el caos institucionalizado”. El líder del Senado, Chuck Schumer, criticó la improvisación y las disputas internas.
Sin embargo, aliados como el senador Kevin Cramer defendieron la estrategia de Trump como parte de su estilo de negociación. El senador John Kennedy la comparó con “un pitbull que atrapó un coche” y sugirió que ahora debía cerrar un acuerdo.
Mientras tanto, crece el respaldo en el Congreso a proyectos de ley para limitar el poder arancelario del presidente, lo que Trump rechazó tajantemente, calificando a los impulsores como “rebeldes”.




