Por: Eliseo Talancha Crespo – UNMSM
Más que un lugar en el mapa del Perú, Tomayquichua es una bella ciudad de Huánuco que pareciera ser un pedazo del cielo en la tierra, donde la vida fluye tranquila en contacto con la naturaleza. En sus calles se respira belleza, paz y armonía con aroma y sabor andino, mientras el Huallaga murmura su historia, sus tradiciones intactas y la amabilidad de su gente. Eso es lo que más o menos retrata el siempre entusiasta Víctor Miguel Trujillo Murillo en su reciente libro Semblanzas de mi tierra, que reúne pinceladas de la vida histórica, social y cultural de Tomayquichua.
Semblanzas de mi tierra, o mejor Semblanzas de Tomayquichua, es un libro en la que, en base al testimonio de sus propios protagonistas, se reconstruye la historia no escrita y la vida social, cultural y hasta económica de Tomayquichua. Como parte de su emprendedora formación autodidacta y desarrollando un valioso ejercicio etnográfico, Víctor Miguel Trujillo Murillo revela la importancia del uso de las fuentes orales para la reconstrucción de la historia y la cultura de los pueblos, especialmente cuando se trata de un lugar que tiene una extraordinaria riqueza pero que hasta ahora se encuentra poco documentada.
En su primera parte histórica, las páginas de Semblanzas de mi tierra se aperturan con apuntes del complejo arqueológico Aunquinmarca, que es un texto de Luis Marino Serrano Anticona. Precisamente, como expresión de reencuentro con la cultura andina, de los labios de Nelsón Cotrina Céspedes se nos recuerda que desde 1991 en Aunquinmarca se conmemora el Inti Raymi o la Fiesta del Sol, mucho antes que en Dos de Mayo, desde 1997. También se consignan datos diversos sobre los barrios, la creación política y personajes emblemáticos de Tomayquichua que se entremezclan con la leyenda y tradición, salidos de los puntos de vista de Marco Flores Calderón, el que esto escribe, Pablo Sebastián Lozano, Felipe Trujillo Hidalgo y del propio autor. Y se cierra este apartado con una visión de hasta hace unas décadas, sin luz y sin agua potable en Tomayquichua, según los testimonios de Tobías Guerra Valverde y Blas Picón Céspedes.
En el segundo apartado, y siempre apelando a los testimonios orales de Tobías Guerra Valverde, Sixto Gamarra y Blas Picón Céspedes, el autor se ocupa de las casas, casonas, trapiches, fundos, puentes y lugares de Tomayquichua con variados datos que muy bien pueden servir para estudiar el sistema productivo, las estructuras de la propiedad agraria y las relaciones económicas y sociales, basado en la producción y comercialización del aguardiente, especialmente del fundo Cachigaga. No menos importantes son los apuntes históricos sobre los puentes antiguos y modernos que han tenido una función vital para cruzar el Huallaga de un lado a otro.
En el tercer apartado, que bien podría ser lo medular del libro, el autor aborda las festividades de Tomayquichua, comenzando por la Virgen del Rosario en “Pikibarrio”, la fiesta de Santa Rosa, Patrona de Tomayquichua, incluyendo la picada de leña y las cocineras, la cofradía de los negritos, las fiestas de Navidad y Año Nuevo, las wasafiestas, las capillas de la Santísima Virgen del Rosario y San Sebastián, la fiesta de los carnavales y cierra con los sacerdotes que fueron párrocos en Tomayquichua. Los datos que proporcionan los protagonistas y testigos de las festividades son esenciales para mayores estudios de antropología cultural y social.
Y digo que esta parte del libro es acaso su parte medular porque Víctor Miguel Trujillo Murillo nos muestra el alma y el rostro festivo de Tomayquichua que, en tiempos de carnaval, de Semana Santa, de alegría y fe religiosa, exhibe a propios y extraños las expresiones vivas de su historia, su cultura, su memoria colectiva y sus valores sociales. No olvidemos que las fiestas forman parte de las semblanzas de un pueblo. En Tomayquichua se entremezclan la belleza de la naturaleza con la espiritualidad, la alegría y la religiosidad de sus fiestas que le dan una identidad propia, con un alto potencial económico y turístico.
En lo que constituye el cuarto apartado, el libro esboza los orígenes y las vinculaciones de las familias locales de Tomayquichua. De labios de Julio Herrera Trujillo y en base a entrevistas realizadas a Hilda Trujillo Maraví, Julia Herrera Crespo y Gabina Granizo Espinoza se puede conocer el árbol genealógico de las familias de don Tomás Trujillo y Clemencia Pardo, don Miguel Céspedes y doña Eugenia Rivera, entre otras que son esenciales para entender su cultura, su economía, su historia y su evolución social. Y en este abordaje del linaje familiar, a lo mejor faltaron otras familias no menos representativas como los Nano, los Talancha, los Acosta, por citar unos ejemplos.
Saliendo de la semblanza urbana de la ciudad, el autor, en el quinto apartado, nos presenta el rostro rural de pintorescos pueblos de las alturas de Tomayquichua como Lucmas, Armatanga, Chinchobamba, entre otros. Se rastrea su significado toponímico y también se retratan sus fiestas, sus costumbres como la cosecha de papas. En el sexto apartado, nuevamente de retorno a la capital distrital, se abordan las costumbres cotidianas, el trabajo de los arrieros, los trueques en las zonas altoandinas, los modos de pago en el transporte, los viajes a las cosechas de papas y el punanakuy como parte de una práctica comunitaria ancestral en la cosecha del maíz.
Y, ya concluyendo esta sucinta reseña, el autor, en el séptimo apartado, recoge de fuentes orales cuentos, creencias y mitos como los duendes de los trapiches, la visita del “orongoy y la cigarra”, los duendes y otros que forman parte de la literatura oral de Tomayquichua. En el octavo apartado se plasma algo consustancial a la alegría y algarabía de un pueblo: la música y sus músicos. Se trae a la memoria los nombres de los músicos de antaño, sin dejar de mencionar a mi padrino Ciro Trujillo y a mi primo Aldo Crespo Guerra. También se incluyen las letras de la muliza “Tomayquichua” de mi siempre recordado profesor Felipe Trujillo Hidalgo. Y ya cerrando el libro, a modo de apéndice, se recuperan frases y vocablos propios del habla local que, lamentablemente, ya se van perdiendo.
Semblanzas de mi tierra es, en suma, un valioso trabajo de etnología y antropología cultural, en la que Víctor Miguel Trujillo Murillo, con irrecusable sentimiento telúrico, de labios de sus propios protagonistas y testigos, recoge la vida social y cultural de la siempre bella Tomayquichua. No es la pluma de López Albújar, tampoco el pincel de Ricardo Flores, menos la nota de Rodolfo Holzmann; pero sí es el declarado amor de Trujillo Murillo por su hechizada tierra para recuperar el alma, la voz, el rostro y el sentimiento del lar nativo, que sin mezquindades pueblerinas y sabiendo que no ha tenido apoyo oficial, saludamos y felicitamos de pie.




