El pasado domingo se inició oficialmente la Semana Santa en el mundo católico, así como en otras iglesias que, de una u otra forma, creen y adoran a Dios. Para el mundo católico, la procesión del Domingo de Ramos se llevó a cabo con precaución debido a las lluvias, la pandemia y otros fenómenos naturales.
La Iglesia ha suprimido algunas actividades masivas, pero no la asistencia de los feligreses a las iglesias para orar y pedir a Dios que la naturaleza termine con su ira y que reine la paz en la región, siempre teniendo en cuenta las recomendaciones ante las torrenciales lluvias que afectan a toda la región y pueden interrumpir el tránsito en algunos sectores.
Por ejemplo, en el distrito de Monzón, en el caserío de Milagros, un fuerte alud sepultó algunas viviendas y dañó cultivos de café, ya que es una zona eminentemente cafetalera y exportadora de este exquisito producto regional.
Según el SENAMHI, las lluvias continuarán y posiblemente serán más severas debido al fenómeno de “El Niño Costero”, que está anunciando tempestades en todo el país y lluvias torrenciales que pueden causar inundaciones en los campos de cultivo.
Debemos mantenernos siempre en alerta y con precaución, especialmente, los vecinos que habitan en las laderas de los cerros de Aparicio Pomares y San Cristóbal.
Hemos indicado en anteriores oportunidades la importancia de tomar todas las precauciones en esta época de lluvias y ante la presencia del Niño Costero, que amenaza con afectar nuestra geografía y región como nunca antes, especialmente, en la costa del litoral.
Por fortuna, en el valle del Pilco, estas épocas de lluvias han sido soportables y no han causado destrozos ni desgracias. Esa es la bendición del Señorcito de Burgos.
Pero, como dice la fe que mueve montañas y como Dios también enseña en sus parábolas “cuídate que te cuidaré”, debemos estar siempre alertas y preparados para cualquier circunstancia adversa que se nos pueda presentar en nuestra realidad.




