Semana Santa en Huánuco: Entre la fe, la memoria y la esperanza

En Huánuco y Amarilis, la Semana Santa no es solo una conmemoración religiosa. Es un tiempo especial que envuelve a la comunidad en un ambiente de recogimiento, tradición y reencuentro. Aquí, la fe no se impone, se respira. Se ve en los rostros de los devotos, en las calles adornadas, en las familias que se reúnen, en los niños que preguntan y los abuelos que cuentan.
Cada año, al llegar estas fechas, los huanuqueños se preparan no solo para recordar la pasión, muerte y resurrección de Jesús, sino también para reconectarse con una forma de vida que valora lo sencillo, lo espiritual y lo comunitario. Desde los templos hasta los cerros, la Semana Santa es vivida con una intensidad que va más allá del rito: es una celebración de la identidad, de la historia y del alma colectiva.
El peregrinar por las iglesias, especialmente desde la Parroquia María de Fátima hasta las capillas que jalonan el distrito de Amarilis, se convierte en un acto de fe, pero también en una oportunidad para caminar juntos, compartir silencios, rezos y recuerdos. El Vía Crucis hacia el cerro San Cristóbal, con su pendiente desafiante y su vista sobre la ciudad, nos recuerda que la espiritualidad también se construye paso a paso, con esfuerzo, con comunidad.
Y no todo es solemnidad. La música se hace presente con conciertos que celebran la vida y la esperanza, con artistas locales que, desde la capilla de Licua, elevan cantos que sanan. Y como en toda tradición que abraza cuerpo y espíritu, también hay lugar para el encuentro en torno a la comida: ferias con pescado fresco, accesible, pensadas para que nadie se quede sin compartir un almuerzo en familia.
Amarilis, con su gente trabajadora y resiliente, demuestra una vez más que no se necesita tener mucho para darlo todo. Y Huánuco, siempre viva en su historia y su espiritualidad, renueva en estas fechas su promesa de comunidad. La Semana Santa aquí no solo se celebra. Se vive. Se honra. Se siente.