El futuro de la **educación peruana** se encuentra en una encrucijada. Si bien existe un entusiasmo palpable por la integración de la inteligencia artificial (IA) y otras herramientas digitales en el aula, la realidad muestra una adopción aún incipiente. Un estudio reciente revela una brecha significativa entre el interés expresado por los docentes y su implementación efectiva, un desafío que requiere atención urgente. Datos del Ministerio de Educación (MINEDU) indican que la inversión en tecnologías educativas ha crecido un 15% en los últimos cinco años, sin embargo, este incremento no se ha traducido en una adopción generalizada en las aulas.
Según la investigación publicada por Gestión, un reciente informe de Neurometrics, que contó con la participación de 1,058 docentes de instituciones educativas básicas y técnico-productivas a nivel nacional, expone que, aunque el 89% de los educadores manifiesta interés en utilizar la IA, solo el 38% la ha integrado en su práctica diaria.
Esta disparidad se atribuye a una serie de factores interrelacionados. La infraestructura tecnológica desigual, especialmente en zonas rurales y urbano-marginales, emerge como un obstáculo principal. Patricia Sánchez Urrego, vicerrectora académica de UCAL, subraya la importancia de abordar la brecha en la formación digital, resaltando que muchas instituciones educativas carecen de los recursos necesarios para equipar a sus docentes con las habilidades requeridas. La situación se agrava con una institucionalidad educativa que aún no establece directrices claras sobre el uso ético y pedagógico de la IA, limitando aún más su adopción.
El temor ético y la falta de conocimiento técnico también juegan un papel crucial. María Alejandra Torres, jefa de la carrera de Pedagogía e Innovación Educativa de la UARM, destaca que la resistencia al cambio se alimenta de la inseguridad que experimentan los docentes al enfrentarse a tecnologías emergentes sin la capacitación adecuada. Esta falta de formación especializada genera desconfianza y, en algunos casos, rechazo hacia la implementación de la IA en el aula. Un estudio del INEI revela que solo el 25% de los docentes ha recibido capacitación formal en tecnologías digitales en los últimos dos años.
Para transformar este interés en impacto real, se requiere un enfoque estratégico y multifacético. Las expertas coinciden en la necesidad de implementar programas de formación contextualizados y accesibles, que permitan a los docentes adquirir las competencias necesarias para integrar la IA de manera efectiva en su práctica pedagógica. La creación de comunidades de práctica docente, la capacitación basada en retos reales del aula y las alianzas multisectoriales son fundamentales para desarrollar contenidos sostenibles a largo plazo. Asimismo, es crucial incorporar competencias digitales en las políticas de desarrollo profesional docente, asegurar la conectividad y el acceso a dispositivos en todas las regiones, y establecer alianzas con el sector privado y académico para co-crear soluciones tecnológicas.
La transformación digital exige una reformulación del enfoque pedagógico. El currículo de formación docente debe adaptarse para desarrollar competencias críticas, éticas y técnicas frente a la IA, preparando a los educadores para asumir un nuevo rol como mediadores del conocimiento, diseñadores de experiencias personalizadas y guías éticos. Este cambio implica fortalecer habilidades blandas como la adaptabilidad, el liderazgo colaborativo, el pensamiento crítico y la creatividad, reconociendo que la tecnología es una herramienta para potenciar, pero no sustituir, la labor del docente.
Sin embargo, este cambio no puede recaer únicamente en el esfuerzo individual del docente. Las políticas públicas deben garantizar el acceso equitativo a la tecnología, la conectividad y la formación continua, con un enfoque territorial que considere las particularidades de cada región. El Estado debe articular normativas éticas sobre el uso de la IA y fomentar pilotos de innovación, especialmente en las zonas donde la brecha es más profunda. Además, es fundamental promover una mayor articulación entre la academia, el Estado y el sector privado, impulsando centros de innovación educativa, programas de capacitación docente y acceso a herramientas con enfoque pedagógico.
Si se implementan estrategias claras y se promueve una cultura de innovación compartida, se podrían observar resultados sostenibles en el desempeño docente en un plazo de dos a tres ciclos académicos. No obstante, sin voluntad política, ni inversión articulada, la brecha entre el interés y la realidad podría seguir ampliándose, limitando el potencial transformador de la IA en la educación peruana. El Banco Mundial ha estimado que la implementación efectiva de tecnologías educativas podría mejorar el rendimiento académico en un 20% en los próximos cinco años.




