SEGUNDA VUELTA

 Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

Acabó el primer tramo de las elecciones presidenciales y congresales, pero queda la segunda vuelta. Han quedado en el camino dieciséis aspirantes, solo dos disputarán el sillón de Pizarro. La oferta electoral, como en feria pueblerina, terminó, han ofrecido el oro y moro en campaña. Huánuco solo ha tenido un presidente de la república: Mariano Ignacio Prado (1866-1879). Huánuco tuvo brillantes y lúcidos parlamentarios: Mariano Dámaso Beraún, Fortunato Carranza Sánchez, Carlos Showing Ferrari, Víctor E. Vivar Espinoza, José Varallanos, Miguel De la Mata, Javier Pulgar Vidal, pero también inefables con gris proceder, que llegaron, calentaron la curul, hicieron el ridículo, votaron como cordero amaestrado, se adhirieron al poder de turno y desaparecieron sin pena ni gloria. Con los electos congresistas, ¿Huánuco resolverá los problemas de pobreza, carencia de agua potable, educación ineficiente, transparencia de la gestión de autoridades públicas, descuido de la agricultura, la anemia infantil y la inseguridad ciudadana? Por sus frutos os conoceréis. Esperamos de ellos una actuación decente, protagónica, significativa, con presencia pública en los debates y peso político en las decisiones.

 De los dieciocho legítimos aspirantes a la Presidencia del Perú quedarán dos; es lo que el pueblo decidió en las ánforas, pese a que no pueden ser de nuestro agrado. Eso es lo que la democracia ofrece al ciudadano: no hay más. Hoy tenemos en el escenario político a dos aspirantes, uno de ellos será el primer presidente del bicentenario, que nos coge con pandemia, corrupción, problemas irresueltos, un país con grandes brechas sociales, que cree que con bonos se resuelve la pobreza y la exclusión social, sin conectividad para que miles de estudiantes reciban clases remotas. De estos dos candidatos debemos elegir uno. ¿Los ciento treinta electos congresistas serán mejor, igual o peor que los actuales?, obviamente salvando honorables excepciones. Desde el protectorado de José de San Martín, la política y las ambiciones de caudillos y de partidos siempre han sido una caja de Pandora. No debemos olvidar que la institucionalidad en el Perú es frágil y vulnerable y la ciudadanía precaria. Felizmente, incluso en los momentos de mayor crisis institucional y de gobernabilidad, no hubo militares que se hayan atrevido a dar un golpe de Estado. Los partidos políticos solo sirven para avivar aspiraciones de poder en elecciones. Se vienen las elecciones regionales y municipales que es otro cantar, con otros actores y estilo político. A pesar de todo, en la segunda vuelta, por alguien hay que votar, uno de ellos dos debe merecer nuestro voto ciudadano, aún escéptico, incrédulo, nihilista, a veces informado y casi siempre emocional y de última hora.

 Ahora queda analizar y tomar una decisión trascendental. Ese primer presidente del bicentenario gobernará con un congreso insular, fragmentario, de pequeños grupos políticos que, sin duda, buscarán afiliarse según las circunstancias e intereses. Queda entonces emplear habilidades efectivas, comunicación asertiva y consenso urgente en nombre la estabilidad política, la gobernabilidad y la implementación de un plan de gobierno que enfrenta valientemente, en primer lugar, la crisis de la pandemia, la vacuna, luego la reactivación económica, el empleo y la recuperación de la confianza en los gobernantes y las instituciones. El reto será mayúsculo, sin precedentes, como después de la guerra contra Chile (1879-1883) y el desastroso primer gobierno de Alán García (1985-1990). No habrá otro modo de gobernar el Perú que concertando, dialogando, tendiendo puentes, con honradez, sin cartas debajo de la mesa, sin malas intenciones, sin condicionamientos mezquinos, deponiendo intereses personales, de grupos de poder y partidarios; ojalá jamás escuchemos el infame término repartija en nombre de la gobernabilidad y “dejar trabajar” tranquilo. Hoy la opinión y la crítica de los ciudadanos, en las redes sociales, miden la temperatura a la gestión, al poder, al actuar y proceder de los políticos. Leer una imagen, un post o un meme es más efectivo que leer un artículo de opinión política de un analista u opinólogo experto, versado y erudito. ¿Cuántos leen la editorial de César Hildebrandt en Hildebrandt en sus Trece?  

 

Según “a boca de urna” pasarían a la segunda vuelta, con el profesor y dirigente magisterial Pedro Castillo a la cabeza, Hernando de Soto, Keiko Fujimori, Rafael López, Verónica Mendoza o Johnny Lescano. Entre ellos elegiremos al próximo presidente de la república (2021-2026). Esto se tendrá que corroborar con los resultados finales que dé la ONPE. Solo es un resultado del momento, cuya tendencia, a veces, se mantiene hasta el final. Si hemos elegido bien, enhorabuena; si hemos emitido un voto informado, igual; si el voto ha sido por convicción, es lo que se espera; si hubo voto viciado o en blanco, es una decisión del ciudadano, pero no contribuye con la democracia electoral, sólo hace visible desconfianza y desinterés legítimos. El voto emocional es, sin duda, el que más predomina y el de última hora. Esperamos que el voto nuestro, en estas elecciones, haya sido responsable, informado y lo más racionalmente posible. Eso evitará que votemos siempre por el mal menor o decidir entre el cáncer o el Sida. No hay mejor decisión que ejercer el derecho de elegir y ser elegido porque los fantasmas no votan, los fantasmas no gobiernan, sino ciudadanos que han hecho campaña, con esfuerzo físico, personal, familiar y económico y exposición al contagio del Covid-19. Fácil es mirar el partido de fútbol desde las cómodas tribunas y exigir goles. Ahora viene la tarea para conformar alianzas, coaliciones, endoso de votos para enfrentar la segunda vuelta.  No hay que olvidar que en política nada es gratuito, todo tiene un precio, una ventaja. Lo ideal es que las alianzas políticas sean programáticas, pensando en el Perú y en el destino diario e histórico de los ciudadanos y de las instituciones. Si Pedro Castillo Terrones fuera elegido, en segunda vuelta, presidente del Perú, llegará al poder de una nación un profesor de primaria, un provinciano de Chota; en él se reúnen dos ejes fundamentales: educación (el lápiz puntiagudo dispuesto para escribir) y seguridad ciudadana (rondero con látigo para castigar al infractor). Finalmente, el pueblo decidirá en junio.