Las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, celebradas este lunes en Estambul, han arrojado resultados limitados, concretándose únicamente en un acuerdo para el intercambio de prisioneros y cuerpos de soldados caídos. Este encuentro se produjo tras una jornada marcada por intensos ataques aéreos, evidenciando la fragilidad del proceso de diálogo en medio de la escalada del conflicto.
Según la investigación publicada por The New York Times, se esperaba que ambas delegaciones abordaran sus respectivas condiciones para un posible acuerdo de paz o, al menos, un cese al fuego, en lo que representaba la segunda ronda de negociaciones directas en las últimas dos semanas.
Mientras que Kiev había comunicado previamente a Moscú sus términos para la paz, la delegación rusa presentó sus condiciones durante la reunión, lo que obligó a la delegación ucraniana a solicitar una semana para su análisis, demorando así el avance en las discusiones. Serhii Kyslytsia, viceministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, expresó a los periodistas que la revisión requerida impediría una respuesta rápida a las propuestas rusas, tras una sesión que no superó los 90 minutos en un hotel histórico a orillas del Bósforo.
El único avance tangible fue el pacto para intercambiar a todos los prisioneros de guerra gravemente enfermos y heridos, así como a los menores de 25 años. No se ha especificado el número total de personas involucradas en este intercambio. Adicionalmente, ambas partes acordaron el intercambio de los restos de 6,000 soldados fallecidos por bando. Es importante recordar que la mediación turca ha sido crucial en facilitando estos intercambios, demostrando su rol como un actor clave en la búsqueda de soluciones humanitarias en el conflicto.
Tras la finalización de las conversaciones, agencias de noticias estatales rusas divulgaron los términos de paz propuestos por Moscú, reiterando las demandas maximalistas que el Kremlin ha mantenido a lo largo de la guerra, las cuales han sido rotundamente rechazadas por Kiev por considerarlas un acto de capitulación. Estas incluyen el reconocimiento por parte de Ucrania de las ganancias territoriales rusas, la reducción de las fuerzas armadas ucranianas, la oficialización del ruso como lengua oficial y el compromiso formal de Ucrania con la neutralidad, excluyendo así su posible adhesión a la OTAN. El estatus del Mar de Azov, vital para la economía ucraniana, también figura como punto de fricción en las negociaciones.
La propuesta rusa también condiciona un posible cese al fuego a la retirada de las tropas ucranianas de cuatro regiones reclamadas por Moscú, o bien, a la suspensión de la movilización de tropas y la recepción de armamento extranjero por parte de Ucrania, así como a la abstención de realizar actos de sabotaje contra Rusia. A pesar de las dificultades, la continuidad del diálogo, aunque lento, representa un canal abierto, aunque sea mínimo, para la gestión del conflicto y la posible desescalada en el futuro.
En un contexto de crecientes tensiones en el frente, donde el ejército ruso parece haber lanzado una nueva ofensiva, Ucrania ha adaptado sus tácticas y ha logrado llevar a cabo ataques audaces en territorio ruso. Estos eventos, junto con la persistencia de las diferencias en las posiciones negociadoras, complican aún más las perspectivas de un acuerdo de paz a corto plazo.




