La renovada tensión comercial entre Estados Unidos y China ha vuelto a emerger, con acusaciones mutuas que amenazan con desestabilizar los mercados globales. Las acciones de ambas naciones, desde la imposición de aranceles hasta las restricciones de exportación de minerales críticos, han generado inquietud entre empresas e inversores, particularmente por las implicaciones para la cadena de suministro global y la economía en su conjunto. La reciente disputa se produce en un momento delicado, marcado por la incertidumbre en la capacidad de la administración para utilizar aranceles como herramienta de negociación, luego de un fallo judicial que puso en duda la legalidad de algunas de estas medidas.
Según la investigación publicada por The New York Times, el presidente Trump y sus asesores lanzaron fuertes críticas contra China por cuestiones comerciales, reviviendo un conflicto económico que había provocado elevados aranceles y una confrontación por tecnologías clave de nueva generación.
En una publicación en su red social, Truth Social, Trump acusó a Pekín de incumplir los términos de una tregua alcanzada a principios de mes, que incluía la reducción de aranceles y otras barreras comerciales. Este acuerdo, según lo pactado, debía dar tiempo a ambas partes para alcanzar un acuerdo más amplio que evitara una guerra comercial en toda regla. Las acusaciones del presidente aludían a la promesa de China de reducir las restricciones a la exportación de minerales de tierras raras, componentes esenciales en la fabricación de numerosos productos tecnológicos y militares. Trump insinuó que China continuaba limitando el acceso a estos materiales, adoptando una postura más confrontacional en materia de comercio.
Stephen Miller, sub jefe de personal de política de la Casa Blanca, declaró a los periodistas que el presidente prefiere la cooperación, pero advirtió que el comportamiento de China “abre todo tipo de acciones para Estados Unidos”. Esta situación ha generado una gran preocupación en los mercados, reflejada en la ligera caída de las acciones el viernes, y ha avivado los temores de una posible recesión económica global. Es importante recordar que a principios de año, Estados Unidos había aumentado los aranceles sobre las importaciones chinas hasta el 145%, mientras que China había respondido gravando los productos estadounidenses con un impuesto de importación del 125%.
Adicionalmente, Pekín había establecido un sistema de licencias para las exportaciones de tierras raras, necesarias para fabricantes estadounidenses de automóviles, semiconductores, aviones, incluida la industria de defensa. Estas restricciones amenazaban con paralizar industrias clave en Estados Unidos, las cuales presionaron a la administración Trump para obtener alivio. La imposición de aranceles por parte de Trump generó controversia, especialmente tras el fallo de un tribunal comercial federal que declaró ilegales muchos de los aranceles del presidente, incluidos algunos impuestos a China por motivos de emergencia. Aunque un tribunal de apelaciones restituyó temporalmente ese poder, la incertidumbre legal persiste.
En un intento por reducir las tensiones, el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, se reunieron con sus homólogos chinos en Suiza a principios de mayo. Ambas partes acordaron revertir las medidas adoptadas, incluida la reducción de los aranceles elevados durante 90 días, y celebrar conversaciones adicionales para alcanzar un acuerdo más completo. No obstante, la administración estadounidense esperaba que China relajara las restricciones impuestas a los minerales críticos, pero parece no estar satisfecha con los esfuerzos realizados hasta el momento. En los últimos días, China ha reiniciado algunos envíos de materiales de tierras raras, pero estos han sido limitados, según fuentes conocedoras de las ventas.
En respuesta, Estados Unidos ha comenzado a revisar sus propias exportaciones de productos críticos a China, pausando la emisión de licencias que permiten a empresas estadounidenses vender una variedad de productos y tecnologías, incluidos software para diseñar semiconductores, tecnología de aviación y otros bienes como maquinaria. La administración también se ha centrado en desarrollar suministros nacionales de tierras raras, considerando financiar nuevas minas e instalaciones de procesamiento, aunque tales esfuerzos podrían tardar años en materializarse. Ante este panorama, Scott Kennedy, experto en China del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, señaló que las recientes medidas adoptadas por Washington parecen desproporcionadas, corriendo el riesgo de eliminar cualquier camino de regreso a un alto el fuego y la negociación.




