Lo que hoy viven miles de usuarios de Seda Huánuco no es un simple “problema técnico”. Es un golpe directo al bolsillo y a la paciencia de familias que ya bastante luchan para llegar a fin de mes. Y duele decirlo así, pero alguien tiene que hacerlo: la empresa ha perdido el sentido de realidad.
Los vecinos llevan semanas denunciando incrementos que no tienen explicación lógica. No hablamos de unos cuantos casos aislados. Hablamos de recibos que se duplican, se triplican o suben hasta cifras imposibles incluso para viviendas donde el agua llega solo por horas. Hablamos de medidores que parecen registrar consumos fantasma y que nadie en la EPS se toma el tiempo de revisar con urgencia.
La indignación no surge porque la gente no quiera pagar. Surge porque sienten —con justa razón— que están pagando por algo que no reciben. ¿Cómo es posible que una familia que antes pagaba 30 soles ahora reciba un recibo de 160 o 800? ¿Cómo se explica que casas sin ocupantes tengan consumos irreales? ¿Cómo puede pedírsele al ciudadano que cumpla, si la empresa no lo hace?
La respuesta de Seda Huánuco ha sido, hasta ahora, desconcertante: escuchar sin resolver. Tomar nota sin actuar. Repetir datos sin explicar lo indispensable: por qué los nuevos medidores disparan consumos que no coinciden con la vida diaria de la gente.
La mesa técnica del 4 de diciembre debió ser una oportunidad para corregir el rumbo. La ciudadanía llegó con documentos, fotos, recibos y reclamos bien argumentados. Pero la empresa llegó sin soluciones. Salieron igual que entraron: con las mismas dudas y la misma preocupación. Y eso, en un servicio básico, no se puede permitir.
Tampoco es aceptable que SUNASS, la entidad encargada de defender al usuario, no haya respondido aún a los reclamos que ya suman más de 400 —y que seguramente son muchos más, porque la gente teme que no la escuchen—.
Hoy, lo mínimo que corresponde es que Seda Huánuco asuma públicamente que existe un problema, que lo revise sin excusas y que suspenda cualquier cobro dudoso mientras se investigan los casos. Si la empresa está tan segura de la validez de sus medidores, que lo demuestre con evaluaciones transparentes, supervisadas y con resultados claros para cada familia.
Seda Huánuco debe entender que cuando una familia tiene que elegir entre pagar un recibo inflado o comprar lo básico para la semana, ya no hablamos de un problema administrativo. Hablamos de una falta de empatía con la realidad de Huánuco.




