Aunque el sector cosmético en el Perú proyecta un crecimiento del 5% en 2025, los salones de belleza siguen enfrentando serias dificultades para retomar el ritmo prepandemia. Se estima que la facturación del rubro alcanzaría los S/ 9,800 millones el próximo año, sin embargo, esta recuperación macroeconómica no se refleja en la realidad de los pequeños y medianos establecimientos, que denuncian un estancamiento prolongado.
Según gremios del rubro, como la Asociación Peruana de Empresarios de Belleza (APEB), la alta carga tributaria es uno de los principales factores que impulsa la informalidad, estimada en más del 70% del sector. Ante este panorama, representantes del gremio han solicitado al Ministerio de Economía y Finanzas evaluar una reducción del IGV como medida paliativa para fomentar la formalización.
Frente al estancamiento, los salones están apostando por reinventar su propuesta de valor. La tendencia apunta a ofrecer experiencias integrales que combinen servicios de belleza con bienestar emocional, asesoría personalizada y una mayor digitalización de reservas y pagos. Según voceros del sector, estos cambios buscan adaptarse a un consumidor más exigente y conectado, pero también a una competencia que ha migrado en parte al entorno informal y domiciliario.




