Rusia y Ucrania pactan tregua en el Mar Negro claves del acuerdo

La posibilidad de un alto el fuego en el Mar Negro se vislumbra incierta, a pesar de las declaraciones de compromiso por parte de Rusia y Ucrania. La guerra en Ucrania, que ha entrado en su tercer año, ha causado una crisis humanitaria y económica de proporciones globales, afectando el comercio marítimo y la seguridad alimentaria. La región del Mar Negro, vital para las exportaciones de grano, se ha convertido en un punto crítico del conflicto.

Según la investigación publicada por The New York Times, si bien ambas naciones han expresado su intención de cesar las hostilidades en la zona, la implementación efectiva de dicho acuerdo enfrenta obstáculos considerables y su concreción en el corto plazo es dudosa.

El principal escollo reside en las condiciones impuestas por Rusia. Moscú exige el levantamiento de las restricciones impuestas a sus exportaciones agrícolas por Estados Unidos y la Unión Europea. Estas sanciones, implementadas tras la invasión de Ucrania, han afectado significativamente la capacidad de Rusia para comercializar sus productos agrícolas y fertilizantes en el mercado internacional. La eliminación de estas barreras, sin embargo, se anticipa como un proceso complejo y prolongado, dada la necesidad de consenso entre los países occidentales.

Adicionalmente, existen divergencias en la interpretación del acuerdo mediado por Estados Unidos. Mientras que Rusia lo presenta como una oportunidad para reactivar el acuerdo de 2022, respaldado por la ONU, que le otorgaba cierto control sobre el tráfico marítimo comercial en la zona, Ucrania rechaza tajantemente la posibilidad de permitir el regreso de la Armada rusa al Mar Negro occidental. Esta área es crucial para las exportaciones marítimas ucranianas, representando su principal vía de acceso al mercado global.

La desconfianza mutua entre ambos países quedó patente con las acusaciones cruzadas de violación del cese al fuego. Ucrania denunció un ataque contra la ciudad portuaria de Mykolaiv, mientras que Moscú afirmó haber derribado dos drones ucranianos sobre el Mar Negro. Estos incidentes subrayan la fragilidad de cualquier acuerdo y la persistente volatilidad de la situación.

Las condiciones impuestas por Rusia revelan su falta de urgencia por poner fin al conflicto. Aprovechándose de una administración estadounidense percibida como indulgente y de una posición de ventaja en el campo de batalla, Moscú busca obtener el máximo número posible de concesiones. La exigencia de reconectar su banco agrícola estatal y otras instituciones financieras vinculadas al comercio de alimentos y fertilizantes al sistema de pagos internacional SWIFT es una muestra clara de esta estrategia.

En resumen, la posibilidad de un alto el fuego duradero en el Mar Negro se enfrenta a desafíos significativos. La disparidad en las interpretaciones del acuerdo, las condiciones impuestas por Rusia y la persistente desconfianza mutua entre las partes involucradas complican la consecución de una solución pacífica y estable en la región.