Roma: León XIV instó al Vaticano a dejar ambiciones y seguir el legado de Francisco I

En un mensaje que buscó marcar el tono de su pontificado desde el centro mismo del gobierno eclesial, el papa León XIV exhortó a cardenales y altos funcionarios del Vaticano a abandonar las ambiciones personales, dejar de lado las luchas internas por poder y asumir una actitud de humildad real en el servicio a la Iglesia. Lo hizo durante el tradicional saludo navideño a la Curia Romana, retomando una práctica que su antecesor, el papa Francisco, convirtió en espacio de revisión crítica y de reformas.

Con un tono moderado pero firme, el pontífice —de origen estadounidense y peruano— advirtió que dentro de la burocracia vaticana pueden persistir intereses individuales que desgastan la misión y deterioran la confianza. En esa línea, pidió rechazar toda forma de “sed de dominación”, una expresión que apunta a los riesgos del poder cuando deja de ser servicio y se convierte en control.

León XIV reconoció que las dinámicas de poder no se transforman con facilidad y que la Curia enfrenta tensiones que no desaparecen solo con un cambio de liderazgo. Aun así, planteó una ruta clara: la renovación no debe sostenerse en discursos, sino en relaciones más transparentes, en decisiones coherentes y en una vida institucional más fraterna.

Pontífice arremete
En uno de los momentos más significativos de su intervención, León XIV puso el foco en un asunto que suele quedar oculto en estructuras rígidas: la calidad humana de los vínculos dentro del Vaticano. Su reflexión fue directa: “¿Es posible ser amigos en la Curia Romana? ¿Tener relaciones de auténtica amistad fraterna?”. La pregunta no fue retórica. En el fondo, reveló que las tensiones internas siguen siendo un desafío vigente y que la convivencia en la estructura de gobierno de la Iglesia necesita más que procedimientos: requiere confianza.

Continuidad con Francisco
El mensaje no fue solo una advertencia interna. León XIV también reafirmó su compromiso con el legado de Francisco, asegurando que continuará con una visión que prioriza una Iglesia centrada en la misericordia, la evangelización y la atención a los más vulnerables. Al referirse a su antecesor como su “amado predecesor”, lo describió como una “voz profética” y un pastor que colocó en el centro a quienes suelen quedar fuera: pobres, excluidos y olvidados.

Recordó que Francisco dedicó su pontificado a impulsar una Iglesia “alegre, acogedora con todos y atenta a los más pobres”, y dejó en claro que esa línea no será un episodio cerrado, sino una ruta que guiará su propio gobierno al frente de la Iglesia católica. La continuidad, en este enfoque, no significa repetir gestos, sino sostener prioridades: una Iglesia que no se encierra, que no se organiza para sí misma y que no reduce su vida a procedimientos.

León XIV articuló su visión sobre dos ejes: misión y comunión. Inspirándose en la exhortación Evangelii Gaudium, insistió en que la Iglesia debe ser misionera por naturaleza, abierta al mundo, sin burocratizar la fe. En ese marco, lanzó una advertencia institucional: las estructuras eclesiales “no deben lastrar ni frenar el progreso” del Evangelio. Su llamado final fue claro: una mentalidad más misionera, menos autorreferencial y más cercana a la vida real de la gente.