ROL Y RETO DEL DOCENTE

Arlindo Luciano Guillermo

Si volviera a elegir una carrera profesional sería la docencia. Un docente no es ciudadano perfecto ni infalible, pero sí correcto e íntegro. La trascendencia de un docente apunta a la memoria histórica. Está a medio camino el reconocimiento social del docente. Hoy cada vez más jóvenes eligen la carrera magisterial. Soy docente desde los 19 años en academias preuniversitarias y con título pedagógico desde 1990 en colegios.  Dejé la opción de ser un ingeniero civil o un abogado; tomé la decisión, a pesar de la oposición familiar, a mis 17 años, de ser docente de comunicación. Cambié radicalmente de matemática a literatura; canjeé a Pitágoras por Vallejo y Neruda. No he dejado de enseñar, desempeñarme con esmero y responsabilidad profesional, con dedicación y preparación. No es honesto repetir lo mismo cada año, sin innovar, investigar, actualizar. La improvisación es la antítesis del buen desempeño. Un docente cumple cuatro funciones concretas durante el proceso de aprendizaje de los estudiantes: transferir conocimiento científico y humanístico, educar ciudadanos con ética y responsabilidad, motivar asertivamente y contribuir con las fortalezas de la educación doméstica.

¿Profesor, docente y maestro son sinónimos? A aquel que ejerce la docencia, con o sin título pedagógico, se le llama maestro. El docente concentra actitudes, competencias, desempeños, estilos, capital académico y habilidades, que otro profesional no ostenta, porque trabaja con ciudadanos (niños, adolescentes, jóvenes); estos son sujetos de derecho, otorgamiento de servicio y valoración y medición de resultados. Un docente instruye (facilitador de información); el maestro, educa y esclarece el camino, siembra visión de vida y destino. El maestro combina sabiamente el conocimiento, vocación de servicio, pedagogía, empatía, sicología positiva y paciencia de monje tibetano. Se cuenta que, en una ocasión, Mahatma Gandhi, estudiante de derecho en una universidad inglesa, respondió con sabiduría y mordacidad ejemplares a un profesor que le tenía tirria pública. El docente le dijo que el puerco y el pájaro no pueden sentarse a almorzar juntos. Gandhi respondió que él ya se iba volando. El catedrático se enfureció, juró vengarse en los exámenes. Esa es la postura de un maestro: sabiduría, sensatez emocional, palabra exacta, lección contundente. Es fácil ser profesor o docente; pero tarea ardua y complicada, ejercer la enseñanza con el cartel gigante de maestro. La carrera pública magisterial exige título pedagógico, examen de ingreso y ascenso. Pero el Congreso, irresponsablemente, le pone zancadillas a la meritocracia. El docente culto y académico es admirable, demuestra su oceánico conocimiento; el maestro enseña con el ejemplo, la experiencia acumulada y la tolerancia. Un docente se equivoca y sonroja; el maestro se equivoca, acepta, sonríe, corrige y aprovecha la oportunidad para aprender y compartir solidariamente con los estudiantes. Hay cientos de docentes extraordinarios, pero escasos maestros.  

El sábado 6 de julio se ha celebrado el Día del Maestro. Las celebraciones, festejos, agasajos y las fórmulas de saludo se hicieron presentes infaltablemente. El aprecio social a ese profesional de la educación no se ve con buenos ojos ni actitudes respetables. El Marco del Buen Desempeño Docente (Minedu, RM 0547, 2012) es un documento de gestión pedagógica imprescindible. Tienes dos propósitos: “mejorar la práctica del docente” y “guiar el aprendizaje de los estudiantes”. El MBDD contiene cuatro dominios, 9 competencias –“actuaciones observables en el aula”- y 40 desempeños. El desempeño 15 se refiere a la resolución de conflictos con el diálogo efectivo para fomentar una convivencia democrática, tolerante y respetuosa. El desempeño 19 incide en la utilización de los conocimientos para la solución de problemas reales con una actitud reflexiva y crítica. El desempeño 22, promueve el pensamiento crítico y creativo en los estudiantes. La escuela es el “laboratorio idóneo” para enseñar a los estudiantes a convertir el conocimiento en estrategias para resolver problemas. El Perú es plural, “todas sangres”. Es absurdo, en pleno siglo XXI, que el estudiante solo acepte el conocimiento sin reflexión ni consulta ni cuestionamiento; es necesario el fomento y ejercicio del espíritu crítico prudente, sin demagogia ni falacia. ¿Esto se enseña en la escuela? Un docente no puede enseñar lo que no sabe, ignora, encubre ni hace. Los errores de los estudiantes en la vida diaria son los fracasos de los docentes.

Para el maestro vale más la actitud y la integridad. El conocimiento científico es un riesgo, puede terminar en patraña, demagogia o en la política y el poder. El decente necesita pedagogía, inteligencia emocional estable y argumentación sólida. El docente que no tenga paciencia ni tolerancia debe cambiar de oficio. En las ferias de vocación profesional se promociona medicina, derecho, ingeniería, economía. ¿La docencia tiene esa oportunidad? Se cree -con cierto prejuicio- que nadie está interesado en seguir la cerrera docente. Con un sueldo de docente también se vive cómodamente, se educa a los hijos y se construye una zona digna y holgada para vivir; no hay docente en la miseria económica. El docente es testigo excepcional del crecimiento y cambios físicos y emocionales de los estudiantes. ¿Cómo nos recordarán los estudiantes cuando dejemos de enseñarles? ¿Qué herramientas les hemos proveído para la vida? ¿Lo que les enseñamos en la escuela será útil en la vida diaria, para resolver sus problemas personales, sentimentales, laborales y sociales? La tarea imperativa del docente, según Otto Regalado, docente de ESAN, es “desarrollar las competencias que demandan las empresas de cara al segundo cuarto del siglo XXI, tales como el pensamiento crítico, la creatividad, el trabajo en equipo, el liderazgo, la adaptabilidad, la gestión de proyectos, la gestión del cambio, la inteligencia emocional y la visión estratégica”. (En: “¿Hacia dónde evoluciona el rol del docente y la gestión del aprendizaje?” El Comercio, 6-7-2024).

César Vallejo, antes de viajar a París, era profesor de primaria en el Colegio Guadalupe. Los “tres en raya” -Samuel Cárdich, Andrés Cloud y Mario Malpartida- son docentes cuyos frutos reales son los escritores de hoy. Un docente actual tiene grandes desafíos: enseñar a nativos digitales con dominio de tecnología. El uso de la inteligencia artificial se ha incorporado en el trabajo docente y el aprendizaje de estudiantes. En una sociedad de copiosa información (Internet, redes sociales) se debe incidir en el pensamiento crítico, la curiosidad por la novedad científica y la gestión autónoma de decisiones. Enseñar algo útil y necesario para la vida es el reto y rol del docente. Se exige competitiva, meritocrática, en medio de cambios drásticos y desilusiones. Los ciudadanos se enfrentan a la vida con lo que se les enseñó en la escuela y en la universidad; lo demás es gestión personal e iniciativa.