Robert Prevost Chiclayo
Robert Prevost Chiclayo

Robert Francis Prevost el Papa León XIV el pontífice agustino de Chiclayo con linaje peruano

El 10 de mayo de 2025 quedará marcado en la historia de la Iglesia Católica con la elección de Robert Francis Prevost como León XIV, un pontífice con profundas raíces en el Perú. Su inesperada aparición en el balcón de San Pedro, tras la señal inequívoca de la fumata blanca, se coronó con un saludo en español dirigido a su “querida diócesis de Chiclayo”, reafirmando así la conexión de su ministerio con la identidad peruana. Este evento señala un hito en la historia de la Iglesia, considerando la creciente importancia del catolicismo en América Latina y la relevancia de la figura de un Papa con experiencia pastoral en la región.

Según la investigación publicada por El Comercio, la elección de Prevost representa un giro significativo, pues su trayectoria lo vincula estrechamente con las realidades sociales y pastorales de América Latina. Su elección se da en un contexto global donde la Iglesia busca adaptarse a los desafíos del siglo XXI, incluyendo la secularización en Europa y el crecimiento del catolicismo en el hemisferio sur.

Nacido en Chicago en 1955, el camino de Prevost hacia el papado se forjó a través de su labor como misionero agustino en Chulucanas desde 1985, su rol como formador en Trujillo a partir de 1988, y su designación como obispo de Chiclayo el 26 de septiembre de 2015, año en que también adquirió la nacionalidad peruana. Su posterior desempeño como administrador apostólico del Callao durante la pandemia (2020-2021) consolidó un liderazgo caracterizado por su cercanía con las comunidades más vulnerables.

La elección de León XIV representa la tercera fumata blanca del siglo XXI. Su primer saludo, en castellano, con un enérgico “¡Arriba, los corazones!”, evidencia su voluntad de conectar con los fieles de habla hispana, que representan una parte significativa de la feligresía católica global. Este gesto inicial subraya la importancia de la comunicación directa y la cercanía en un pontificado que promete ser innovador en su estilo.

En Chiclayo, la memoria de sus actos cotidianos resuena con fuerza: las madrugadas en la Catedral de Santa María, la reapertura del comedor parroquial para alimentar a 400 personas diariamente, su predilección por el frito chiclayano y el café pasado en el restaurante Trébol, las misas en el barrio Eten en honor al Milagro Eucarístico, y los partidos de tenis en el Jockey Club. Estos gestos, percibidos por los feligreses, lo consolidaron como “un pastor que rompía esquemas con sencillez y servicio”.

Las confirmaciones escolares, las ferias patronales, los congresos familiares y las procesiones fueron escenarios donde se manifestó su confianza en laicos y jóvenes, delegando responsabilidades y promoviendo la participación activa. Un catequista destaca su caminar “en sinodalidad”, mientras otros recuerdan su humildad al bendecir acólitos y gestionar la designación de Eten como Ciudad Eucarística en Roma. Este legado de cercanía pastoral se erige como un pilar fundamental de su pontificado.

Su elección del nombre “León” simboliza su compromiso con las causas sociales en un contexto de revolución tecnológica, reflejando un liderazgo sobrio que busca conciliar la tradición eclesial con la urgencia de “defender a los débiles” en los ámbitos de la economía, la guerra y la migración. Este enfoque se alinea con las encíclicas sociales de papas anteriores, como León XIII, que abordaron las problemáticas laborales y la justicia social en el siglo XIX.

Frente a un catolicismo global estabilizado en un 17,5% de la población mundial en 2025, el pontífice León XIV define prioridades claras: tolerancia cero ante los abusos y creación de centros de escucha para las víctimas, impulso al rol femenino en los dicasterios, defensa de la doctrina frente a las uniones del mismo sexo y transparencia en la gestión financiera. Todo esto, bajo la premisa fundamental de convertir a la Iglesia en “un espacio seguro y corresponsable”.

La imagen de León XIV iluminó el Cristo Redentor de Río, artesanos napolitanos lo inmortalizaron en terracota, la catedral de São Paulo celebró una homilía en su honor, escolares de Vermont siguieron su discurso en directo y los Chicago White Sox lo homenajearon en su ciudad natal. Esta ola de entusiasmo global refleja la proyección internacional de un Papa “con corazón peruano”, cuya elección ha generado expectativas y esperanzas en el mundo entero.