Por las que se fueron / por las que ya no están / por las que quizás regresen / por las que no quieren irse / por las que no tienen a donde ir /por las que siempre se quedan (nos quedamos). (Regina José Galindo)
Por: Israel Tolentino.
Un artista quiere espacio, lo necesita, y provocar el interés del público es bueno para el arte. Provocar es bueno (Rebeca Horn).
Jorge Eduardo Eielson (1924 – 2006) en 1974 realiza el registro fotográfico de la performance Paracas-Pyramid en la Academia de Arte de Dusseldorf. En 1988 en Lima, presenta la acción performativa “Interrupción” como parte de la obra “Primera muerte de María” y, posteriormente en 1998 muestra la instalación “Escalera infinita” en la galería Lorenzelli, en Milán. En toda esta sucesión de presentaciones, el personaje cubierto será la constante y el foco de toda su narrativa propuesta. Usar otro cuerpo, una modelo cubierta por un paño blanco y azul otras veces en consideración al lugar y su intencionalidad. La pirámide u forma semejante, será evidenciada por Eielson, como la arcaica representación: hombre y concepto.

Las distancias entre Guatemala y el Perú son abismales en término de andar y seguramente tomando un vuelo directo sobrepasan los 3000 km. Incluso desde Pozuzo, lugar desde donde escribo a Regina, distancias nunca concebidas en el quehacer artístico, sin embargo, estas dos cunas civilizatorias, han encontrado un impulso donde el ejercicio ciudadano pende del arte.
Regina José Galindo (1974) es sin duda una poeta y artista que ha descubierto en su cuerpo el “instrumento” o “arma” para demandar y sanar las heridas de este tiempo. Usar su cuerpo, como ella explica: “en el performance lo que tú haces es utilizar tu cuerpo como medio principal, es decir tú no pintas, no trabajas con el lienzo, no esculpes, no trabajas con la piedra; sino básicamente lo que haces es solucionar todos tus proyectos y tus ideas visuales a través del cuerpo, así que este es tu medio, esta es tu piedra, esta es tu lienzo, es lo que tienes para poder proyectar tus ideas” su cuerpo es universal y la hace empatizar con los eventos de su interior, de su sociedad y las otras muchas que en el mundo habitan. Entonces Regina, toma una tela y se cubre e invita a otras personas a encerrarse en esa especie de sábana. En esa acción de envolverse, su cuerpo cubierto se transforma en santuario y al desplazarse, se descubre en una ermita errante. Hasta aquí, se puede concebir en esa performática existencia la presencia o ausencia del ruido, el silencio que permite oír el gimo y las obscenidades que nuestras sociedades imponen.

Regina José, exterioriza con su postura la fuerza que anida en su silencio, en el medio performativo que respira, en el latido de su corazón que como una voz irrumpe y enfrenta al tirano de turno, como los ojos cuando te miran fijamente. Guarda la esperanza y tragedia del ser humano en la fragilidad estoica de su cuerpo, su compromiso derrumba muros, abre horizontes, restituye la fuerza de su corporalidad y con ello la de todos. Cada ciudadano debe saber que ningún lugar es fácil, siempre se toparán con truhanes y genocidas, sin embargo, ese cuerpo vivificante, que no es diferente al de nadie, el de Regina, atajará un Panzer y liquidará la opresión.

Su reciente exposición Primavera Democrática en la ciudad de Río de Janeiro en la sala Portas Vilaseca con la curaduría de Daniela Labra, del 07 junio al 26 julio 2025, expone, entre otras obras “Jardín de Flores”, performance colectiva donde 25 mujeres trans reclaman sus derechos y denuncian la violencia y la discriminación que enfrentan en América Latina.
Regina con su performance repone, al menos en ese momento, que el ejercicio de los beneficios de la democracia no son ilusión, sino posibilidad en cada ciudadano; tomando sus palabras: La política choca con el cuerpo, con la vida, es por eso por lo que usar el cuerpo es la mejor manera de comunicar lo que se siente.

Regina José Galindo, es una llama ardiente en este mundo contemporáneo donde no todos son el fortín de una sociedad que a pesar de irse al carajo puede gritar: ¡seguimos vivos! (Pozuzo, julio 2025).




