La investigación médica en la Universidad de Columbia se enfrenta a un revés significativo tras la decisión de la administración Trump de recortar $400 millones en fondos federales. Esta medida, justificada por preocupaciones sobre el tratamiento de estudiantes judíos, pone en jaque proyectos cruciales que abarcan desde la detección temprana del cáncer de mama mediante inteligencia artificial hasta el seguimiento de la salud infantil a largo plazo en niños nacidos de madres infectadas con coronavirus durante el embarazo, y la búsqueda de vínculos entre la diabetes y la demencia. Esta situación se produce en un contexto de creciente presión sobre el financiamiento de la investigación científica, que ya venía experimentando restricciones presupuestarias en los últimos años, afectando la capacidad de los científicos para llevar a cabo estudios a largo plazo y explorar nuevas vías de tratamiento. En 2024, el NIH (National Institutes of Health) reportó una disminución del 5% en el número de becas concedidas en comparación con el año anterior.
Según la investigación publicada por The New York Times, docenas de estudios médicos y científicos están llegando a su fin, o corren un alto riesgo de hacerlo, dejando a los investigadores en una carrera contrarreloj para encontrar fuentes de financiación alternativas. En algunos casos, los investigadores ya han comenzado a informar a los participantes de los estudios que la investigación está suspendida, generando incertidumbre y frustración entre aquellos que contaban con estos proyectos para mejorar su salud y calidad de vida.
El impacto de estos recortes se siente profundamente en la comunidad médica. Kathleen Graham, una enfermera de 56 años del Bronx, expresó su consternación al enterarse de que el estudio sobre la diabetes en el que había participado durante un cuarto de siglo estaba llegando a su fin. Este tipo de estudios longitudinales son esenciales para comprender la progresión de enfermedades crónicas y desarrollar estrategias de prevención y tratamiento eficaces. La cancelación repentina de estos proyectos no solo afecta a los participantes, sino que también pone en riesgo años de investigación y la posibilidad de descubrir avances importantes.
En la facultad de medicina de Columbia, los médicos manifestaron su sorpresa al recibir la notificación de la cancelación de su financiación. Algunos expresaron resignación ante la situación, mientras que otros buscaron soluciones temporales y preguntaron si la universidad podría financiar al personal de los proyectos a corto plazo. Según entrevistas con cinco médicos o profesores afectados, la prioridad inmediata es encontrar una solución que permita mantener a flote los proyectos mientras se exploran opciones de financiación a largo plazo. La necesidad de mantener la continuidad de la investigación es fundamental para evitar la pérdida de datos y el retraso en el desarrollo de nuevas terapias.
La doctora Dawn Hershman, jefa interina de la división de hematología y oncología de la facultad de medicina de Columbia, subraya la urgencia de encontrar una solución a corto plazo y definir planes a largo plazo. La comunidad científica se enfrenta ahora al desafío de buscar fuentes de financiación alternativas, ya sean públicas o privadas, para garantizar que estos proyectos de investigación vitales puedan continuar. La situación plantea interrogantes sobre el futuro del financiamiento de la investigación científica y la necesidad de encontrar un equilibrio entre las prioridades políticas y la importancia de apoyar la investigación que puede mejorar la salud y el bienestar de la sociedad.
La cancelación de estos fondos federales a Columbia University se produce en un momento en que la financiación de la investigación médica ya está bajo presión. En los últimos años, se han implementado recortes presupuestarios en varias agencias gubernamentales encargadas de financiar la investigación, lo que ha dificultado que los científicos obtengan el apoyo necesario para llevar a cabo sus proyectos. Esta situación plantea serias preocupaciones sobre el futuro de la investigación científica y su capacidad para abordar los desafíos de salud más urgentes.



