Por: Denesy Palacios Jimémez
Lo que yo he hecho por mi tierra nadie lo puede borrar. Nadie lo puede borrar (J. C. Tello)
En este día queremos recordar a uno de los peruanos más ilustres, que siendo médico, por el ejercicio de la profesión se convirtió en uno de los primeros peruanos que dio vida a la arqueología peruana y con justeza histórica es conocido como el “padre de la arqueología peruana”.
Nacido en Huarochirí el 11 de abril de 1880, de padres campesinos, Tello concluyó la secundaria en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Al poco tiempo conoció a Ricardo Palma. El escritor y tradicionista le ofrecería un empleo en la Biblioteca Nacional, donde empezó a interesarse por la arqueología y la antropología. Siendo uno de los primeros en sostener el origen autóctono de la cultura andina, señala como primer derrotero a la floresta amazónica. Los hallazgos arqueológicos en Huánuco sobre los famosos Kotosh que empezó Pulgar Vidal con sus Veintiún Kotosh y luego la misión Japonesa con alrededor de cincuenta Kotosh, hacen que cobre vigencia su hipótesis sobre los orígenes de la cultura andina, en la vertiente oriental de los Andes. La teoría sobre el origen autóctono de la cultura peruana de Tello, refutó la teoría de la procedencia mesoamericana (de México y Centroamérica) sostenida por el arqueólogo alemán Max Uhle.
Decidió seguir la carrera de Medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos concluyéndola en 1909. Se gradúa de bachiller con la tesis “La antigüedad de la Sífilis en el Perú”. Dos años más tarde, la Universidad de Harvard le ofrece una beca para doctorarse en Antropología y Arqueología.
En Europa amplía sus conocimientos científicos y poco después se casa Olivia Chessman. A su retorno, lo nombran director del Museo Nacional. Inicia de este modo un recorrido por todo el país con el fin de realizar trabajos de campo. Hace valiosas investigaciones y aportes sobre las culturas Chavín, Paracas, Nazca y Tiahuanaco, así como en Pachacámac y Ancón; sirviéndole para sustentar su teoría sobre los orígenes de la cultura andina.
Además de la docencia con cátedras en la Pontificia Universidad Católica y San Marcos, Tello también se interesó por la política. Fue diputado entre 1919 y 1929, donde acuñó su frase tan usual: “Pido la palabra para oponerme”, porque sostenía que lo nuestro es primero y es mejor. Durante este período presentó proyectos de ley en favor de la protección y conservación de monumentos históricos. De igual modo, participó en la reforma universitaria con la cual se pretendía enfatizar la investigación, la formación de docentes y la capacitación de profesionales mediante becas. Es decir, fue un docente universitario ejemplar que incentivó la investigación. Se le reconoce su gran contribución como miembro de la denominada Generación del Centenario.
Falleció el 3 de junio de 1947, a la edad de 67 años. Sus restos reposan en el museo que él fundó: Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú.
El mejor homenaje que le podemos hacer a este ilustre peruano y al pueblo de Huánuco es creando la Escuela Académico Profesional o Facultad de Arqueología y la UNHEVAL no debe perder más tiempo para ello, los estudios de mercado laboral revelan la necesidad de esta profesión, para una región tan rica en vestigios culturales arqueológicos y la carencia de profesionales arqueólogos, para darles la atención, defensa, conservación e investigación que deben culminar con la puesta en valor de este rico patrimonio.



