La geopolítica en Oriente Medio continúa su danza de realineamientos. Hace diez años, el acuerdo nuclear con Irán, negociado por el entonces presidente Barack Obama, generó profundo malestar en Riad. El temor a un Irán envalentonado, con acceso a recursos económicos desbloqueados, dominaba la perspectiva saudí. La retirada de Estados Unidos del pacto, bajo la administración Trump, fue recibida con alivio por las autoridades del reino.
Según la investigación publicada por The New York Times, la visión saudí sobre un posible nuevo acuerdo entre Washington y Teherán, negociado bajo una segunda administración Trump, ha experimentado una notable transformación.
El Ministerio de Asuntos Exteriores saudí emitió un comunicado expresando su esperanza de que las conversaciones, facilitadas por Omán, contribuyan a la “paz en la región y en el mundo”. Este cambio de tono es palpable. Un gesto aún más significativo fue el envío del Príncipe Khalid bin Salman, hermano del Príncipe Heredero y Ministro de Defensa, a Teherán. Allí, fue recibido con honores por representantes iraníes, marcando un punto de inflexión en la relación bilateral.
El Príncipe Khalid incluso entregó una misiva al líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei. Este encuentro representa un giro radical si consideramos que el Príncipe Mohammed bin Salman llegó a comparar al ayatolá con Hitler, reflejando la profunda animosidad que existía entre ambos países.
Este acercamiento se explica por una confluencia de factores. En primer lugar, las relaciones entre Riad y Teherán han mejorado significativamente en los últimos años, impulsadas por mediaciones diplomáticas y la necesidad de estabilidad regional. En segundo lugar, y quizá de manera más crucial, Arabia Saudí se encuentra inmersa en un ambicioso plan de diversificación económica, conocido como Visión 2030. Este programa busca transformar el reino en un centro de negocios, tecnología y turismo, reduciendo su dependencia del petróleo.
La amenaza que representan los drones y misiles iraníes, exacerbada por las tensiones regionales, constituye un serio obstáculo para la consecución de los objetivos de Visión 2030. La estabilidad y la seguridad se han convertido en prioridades estratégicas para Riad, lo que justifica este acercamiento pragmático a Irán, independientemente de las posibles consecuencias geopolíticas.
La firma del acuerdo de normalización de relaciones con Israel, mediado por China, en marzo de 2023, y la reciente incorporación de Arabia Saudí al grupo BRICS, son ejemplos de una política exterior más pragmática y diversificada. La diplomacia, el diálogo y la estabilidad regional son ahora herramientas clave en la estrategia saudí para garantizar el éxito de su transformación económica.




