EL RETORNO

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

Raúl Vergara Rubín (Llata, Huamalíes, 1947), docente y abogado, es otro de los novelistas de la Agrupación Cultural Convergencia. Tiene dos novelas publicadas: El retorno (2011) y Peregrino el violinista (2018). Ambas con notorias conexiones: la segunda se desprende de la primera. Ya antes Vergara había dado muestras de narrador en No solo en tiempo de amor y trigales, (1991), donde muestra la firmeza y contundencia del relato, la vocación por personajes marginales, transgresores y conflictivos, pero con esperanza y un destino venturoso al final o la muerte trágica. Raúl Vergara es un novelista cuya virtud mayor radica en la habilidad para contar y construir contextos heterogéneos donde los personajes sobreviven y se afanan en buscar su identidad y oponer paradojas y antítesis. No es indiferente a los problemas sociales que los lleva al escenario de la ficción literaria. Raúl Vergara integró la legión de escritores, diletantes y lectores que, en la década del 80 del siglo XX, forjaron la modernización de la literatura huanuqueña con recitales, publicación de libros y revistas y el surgimiento de la Agrupación Cultural Convergencia.     

El retorno, detrás del inocente y nostálgico título, contiene una historia literaria de violencia multifactorial, de migración forzosa, sobrevivencia en espacios ajenos y adversos y, como un fuego que arde y nunca se apaga, el deseo instintivo de regresar al terruño, al ambiente bucólico, puro e inmaculado, donde todo es felicidad y armonía, y la búsqueda de la identidad cultural e idiosincrásica y las raíces parentales. Es un salir y regresar de los personajes. La vida de Absoluto Concepción (Cunshe) y Rosa Lina están anclados a la comarca a través de la abuela Benigna, quien es la única sobreviviente de un par de generaciones anteriores. Será ella, entre prejuicios y claro voluntarismo, quien conecta a los jóvenes con la realidad andina y el inicio de una descendencia. Narrada en tercera persona, intercalada con parlamentos de los personajes, descripciones pictóricas y cromáticas, hipérboles, flashbacks y dos notables raccontos (el violinista Peregrino y las vicisitudes de Rosa Lina en la mansión del general Roberto Buenaventura), discursos reflexivos y doctrinarios y de la cosmovisión andina, la novela se conduce vivaz, expectante, con intensidad y poesía hasta llegar al happy end de Absoluto y Rosa Lina. El matrimonio religioso se realiza ante una multitud en la explanada de la cueva rocosa donde antes Peregrino ejecutaba el violín de modo apasionado y magistral para deleite de unos y suspicacia de otros.  

La novela presenta a la violencia en diversas facetas donde los personajes de procedencia andina logran salir airosos, pero con secuela y sinsabores que, en el presente temporal, han dejado atrás. Eso sucede con Absoluto y Rosa Lina: él estibador recio y dirigente gremial en La Parada; ella, una vendedora ambulante de objetos de segunda; Peregrino, padre de Rosa Lina, de talentoso violinista, pasa a músico poseído por el demonio, sambenito endosado por las malas lenguas y los prejuicios de la gente. En el matrimonio de Absoluto y Rosa Lina hay una reivindicación popular del violinista ya muerto, probablemente al caer al fondo de un abismo. El desalojo de ambulantes propicia que Absoluto y Rosa Lina tomen la decisión de regresar ipso facto a la comarca natal. La acción de la institución y la autoridad es implacable, motivada por intereses de poder económico; la vida de ambos se altera radicalmente. Absoluto es levado, a los 15 años, y conducido a Ayacucho para ser adiestrado militarmente y enfrentar a la subversión; ahí estuvo 10 años. Es testigo y actor presencial de matanzas de campesinos, por referencia se entera de la tragedia en Huanta durante el gobierno de Juan Velasco, muertes, guerra sucia y locura de conscriptos. Al terminar su estancia en el ejército viaja a Lima y se convierte en estibador. La madre de Rosa Lina desaparece sin dejar rastro, el general Buenaventura es emboscado en el Alto Huallaga y pierde las 2 piernas; entonces empieza el calvario con su esposa, mujer indolente y de apariencias. Peregrino es víctima de agresión e indiferencia brutales. El matrimonio de Absoluto y Rosa Lina adquiere la connotación de triunfo total, exitosa reinserción a la comunidad y desagravio del artista popular.  

La historia literaria se sostiene en dos soportes narrativos: “Peregrino el violinista” (Págs. 47- 95) y “La huida” (Págs. 103-121), que abarcan 72 páginas, de las 135 que tiene la novela. El inicio engancha inmediatamente con el lector por los datos que menciona. “Después de haber servido al ejército durante diez años, Absoluto Concepción se fue a radicar a la capital, en donde intentó diferentes oportunidades de trabajo para quedarse finalmente laborando en La Parada, un inmenso mercado popular en el que cundía el desorden y proliferaba el negocio ambulatorio, en donde encontró acogida entre los estibadores”. (Pág. 15.) ¿Por qué no regresó Absoluto a su tierra natal? ¿Sabía de la muerte de sus padres? ¿Diez años en el ejército solo le permitía ser un cargador ambulante e informal? En un monólogo dirigido, ante la atenta mirada de la abuela Benigna, Absoluto contará las peripecias de su vida después de haber sido reclutado por el ejército.

El retorno revela las cualidades meritorias de un novelista que supo construir una historia con episodios amorosos, pero revelador de identidades y contextos sociales y políticos adversos, de ingeniosa analogía entre el violinista Peregrino y el lirista Orfeo y el uso acertado de espacios y tiempos que van comunicándose efectivamente para mostrar, con interés constante al lector, la historia de 3 generaciones: la abuela Benigna, los padres de Absoluto y Rosa Lina y estos últimos que, con el matrimonio civil y religioso, en un ambiente de cosmovisión andina y religión católica, tendrá descendencia y continuidad.