How Maybe Happy Ending Overcame A Shaky Start And Won Big At The Tonys
How Maybe Happy Ending Overcame A Shaky Start And Won Big At The Tonys

“Quizás un final feliz” superó un comienzo incierto y triunfó en los premios Tony.

El triunfo inesperado de “Maybe Happy Ending” en la reciente edición de los Premios Tony, donde se alzó con seis galardones, incluyendo el de mejor musical nuevo, constituye un hito notable dentro de la industria del entretenimiento. Este logro culmina una trayectoria repleta de obstáculos para una producción modesta, cuyo título peculiar y premisa poco convencional generaron escepticismo entre los expertos desde sus primeras funciones de preestreno el pasado otoño. De hecho, la obra enfrentó desafíos similares a otros musicales de temática innovadora como “KPOP”, que tuvo un fugaz paso por Broadway en 2022.

Según la investigación publicada por The New York Times, la celebración posterior a la ceremonia, en el Bryant Park Grill, permitió a los creadores y al elenco reconocer la magnitud del éxito alcanzado contra todo pronóstico.

Darren Criss, protagonista de la obra y ganador de su primer Tony por interpretar a Oliver, un robot asistente obsoleto que establece un vínculo con otro robot, Claire, enfatizó las dudas iniciales sobre la viabilidad del proyecto. “No sabíamos si este espectáculo llegaría a estrenarse”, declaró Criss, quien también es productor del musical. El espectáculo luchó contra viento y marea, similar a lo que experimentó el musical “Come From Away”, que también se enfocó en historias humanas en un contexto inusual.

Las dificultades comenzaron mucho antes del estreno. Durante el verano, los productores principales, Jeffrey Richards y Hunter Arnold, aplazaron el inicio de las funciones un mes, debido a problemas en la cadena de suministro. Aunque los productores insistieron en la veracidad de estos inconvenientes, relacionados con la entrega de paneles de video digitales desde China, muchos lo interpretaron como una estrategia para encubrir problemas financieros. Allan Williams, productor ejecutivo del musical, afirmó que la situación era tan crítica que llegaron a pensar que el proyecto estaba sentenciado.

La producción se vio forzada a suspender temporalmente contratos laborales, reembolsar el importe de las entradas correspondientes al mes de funciones canceladas y lidiar con la publicación de un influencer de TikTok, quien sugirió que el musical podría no llegar a estrenarse. Helen J. Shen, coprotagonista del musical, que encarna a Claire, un robot de última generación, comentó que la incertidumbre fue una constante durante todo el proceso. La controversia generada impactó negativamente en la confianza de algunos inversores potenciales, quienes optaron por retirar su apoyo financiero ante la percepción de un proyecto fallido.

Para cuando “Maybe Happy Ending” finalmente inició las funciones de preestreno, apenas había recaudado 450.000 dólares en venta de entradas, una cifra alarmantemente baja para un nuevo musical de Broadway. Las pérdidas económicas fueron significativas durante este período, con ingresos semanales inferiores a 300.000 dólares, muy por debajo de los costos de funcionamiento semanales, que ascendían a 765.000 dólares. El Teatro Belasco, con capacidad para 973 espectadores, presentaba una ocupación de solo el 80%. En un intento desesperado por atraer público y generar boca a boca, los productores decidieron rebajar drásticamente el precio de las entradas, ofreciéndolas entre 30 y 69 dólares, lo que provocó que el precio medio cayera hasta los 45 dólares.

El desafío de marketing era considerable: ¿Cómo describir un espectáculo con solo cuatro actores, dos de ellos interpretando robots, que explora temas como la soledad, la memoria y el amor de una manera conmovedora? La música fusiona elementos de indie pop, jazz americano y Broadway, y el diseño escénico utiliza la automatización y las proyecciones para potenciar la narración. Hunter Arnold reconoció la dificultad de transmitir la esencia del musical, señalando que la descripción inicial de dos robots en Seúl, Corea del Sur, no resultaba atractiva para el público potencial. La página web del espectáculo evita incluso el uso de la palabra “robot” al describir la trama. El director, Michael Arden, describió la obra como “una pieza delicada y contemplativa, que no es fácil de vender”.