JACOBO RAMÍREZ MAYS
Quiero ser congresista, y por Diosito, en quien creo mucho, que no los defraudaré. Quiero solo por este poco más de un año servirme de mi país. Yo soy un hombre honesto, ustedes me conocen, y no los defraudaré. Tengo algunos anticuchos, como cualquier ser humano, pero no son nada graves en comparación con los de otros.
Les cuento que, en su momento, quise ser sacerdote y, como dice mi amigo, no es que haya colgado la sotana, solo me la remangué; lo que fue suficiente para dejar ese camino de servicio. Entre los vicios que tengo, está el que me gusta fumar. Este es, quizá, el más grande de mis defectos.
Cuando sea congresista, gracias al voto confiable y bien pensado de ustedes, les aseguro que, así como muchos Padres de la Patria convirtieron al Congreso en su hotel, donde se daban una siestita cuando se discutía algo en beneficio del país, yo lo convertiré en un lugar donde se fume como chino en quiebra. Presentaré un proyecto de ley para que autoricen fumar en todas partes, incluso dentro de las iglesias; y estoy seguro de que será aprobado en tiempo record. (Los que venden cigarros tengan en cuenta esta propuesta).
Les prometo, jurando y rejurando, que cuando tenga que hacer mis viajes de representación, voy a estar acá en cuerpo y alma. No voy a tener oficina, les atenderé en la Plaza Mayor o Plaza de Armas, donde contemplaremos a las palomas, a las que algún día, sin que se enteren los protectores de animales, tal vez les demos de comer maíz con veneno para así no llenarnos de chichihuas. Sentados en las bancas bajo la sombra de los pocos árboles de arabichco que todavía existen y oyendo, de vez en cuando, todas las locuras que dice el predicador evangélico que a veces está por esa zona, escucharé sus problemas, moveré la cabeza diciéndoles que tienen razón, y se sentirán escuchados. Luego, como tendré buen sueldo, invitaré un cafecito a las diez primeras personas que hayan conversado conmigo.
Pero no solo haré esos viajes de representación, también, algunas veces, y espero que sean muchas, lo haré desde cualquier bar en el que me encuentre, desde alguna discoteca o desde cualquier lugar no santo adonde la suerte me lleve.
Cuando sea congresista, voy a escribir con errores ortográficos, con el deseo de que mis detractores lean, aunque sea las sandeces que escriba.
Pero también les prometo que cuando sea congresista, y faltando poco para que termine mi gobierno, demostraré que mi título no es original sino uno bambita, comprado en Azángaro. Investigando, mis detractores se darán cuenta de que soy huanuqueño, y no de Lima, como había declarado en mi hoja de vida. Descubrirán que la luz eléctrica que tengo en mi casa está conectada directamente, y que por eso solo pago diez soles mensuales. Sabrán que los cafecitos que les invitaba se encuentran registrados en facturas con altos montos. Se enterarán que los videos rosas que circulan por las redes sociales los hice con mi reloj que tiene cámara incorporada. Que mi secretaria nunca existió, pero que cobra mensualmente su sueldo. Se enterarán que mi asesor es mi peón, que no sabe leer ni escribir, pero que chaccha como los dioses, que las paleteadas que les dieron a las terramozas, porque no pienso viajar en avión porque ustedes saben que el sueldo de los congresistas es chihuán, fueron con premeditación y alevosía, y por eso y por muchas cosas más seré desaforado, me botarán después de que el Tribunal de Ética haya visto mi caso, aunque si por ellos fuera, se hicieran a los viscos. Y al darme cuenta de que convertí a la Casa de los Pasos Perdidos en un burdel, con mi cara triste, volveré a mi tierra querida, y después de algunos años, candidatearé de nuevo, y les prometo que entonces sí lo haré mejor.
Las Pampas, 17 de octubre de 2019



