QUIERO ESCRIBIR

Por Jacobo Ramirez Mayz 

Después de regar mi cerebro con aguardiente, he decidido volver a escribir.

Escribir para calentar, como dicen mis amigos, las manos. Porque si no se podrían tullir, y no podría ni miccionar. Escribir para liberarme de mis demonios que noche a noche, que día a día, me asedian más y más. Escribir para que en casa me dejen fumar. Escribir para seguir escuchando las miles de historias que mi madre me cuenta mientras está puchcando. Escribir para contemplar la luna en su plenitud y ver algunas estrellas fugaces que surcan el cielo llevando los nombres de las personas que recuerdo.

Escribir pensando en los versos de Enturbiando el amor, de Entonando retornos, de Neuralgias. Escribir mirando al horizonte sin contemplar nada. Escribir buscando las palabras, hurgando el diccionario, sacando la cerrilla de mi oído con palitos de fósforo, sonándome los mocos, recordando un libro que ayer nomás leí, y que no me acuerdo ni del título.

Escribir prendiendo, uno tras de otro, cigarros de mala calidad, saboreando los cafés que noche a noche he tomado; pensando en «Soledad», «Esperanza» y «Dolores», a quienes nunca amé, pero siempre están a mi lado. Escribir recordando a mi abuelo montado en su caballo e insultando a todo aquel que se le cruzaba en el camino.

Escribir escuchando, no a Vivaldi ni a Mozart, sino el sonido de los grillos, del agua que circula por la sequia, el zumbido de las mariposas y de los zancudos que se paran en las paredes vacías.

Escribir pensando en la primera letra de tu nombre, que dicho sea de paso es también es del abecedario. Escribir recordando y meditando en J y D, que se han perdido en este valle y que posan sus pétalos de rosas en otros lares, donde buscan un mejor futuro, mientras me trago la saliva para no llorar.

Escribir contemplando cada arruga y cada cana de mi madre, mientras cabecea sentada en el mueble después de haber mirado su telenovela favorita. Escribir pensando en los que ayer nomás partieron,  y de quienes ya casi ni me acuerdo.

Escribir contemplando los pocos libros que están en mi biblioteca, los cuales tienen miles de historias que contarme y que guardan celosamente. Escribir sin que nadie se dé cuenta, contemplando fotografías prohibidas, las mismas que escondo donde solo después de que esté muerto las encontrarán.

Quiero escribir sobre el color de los diferentes tipos de flores que contemplo, y que no determino su tono exacto. Quiero escribir de los árboles, de las aves que día a día cantan desde las copas de los paltos, de los guayabos, de los nísperos, de los pacaes, de las pomarrosas, o que están escondidas entre el maizal, entre las ramas de los chirimoyos, de los lúcumos, de los duraznos.

Quiero escribir de los helechos que adornan las paredes, de las plantas que ni su nombre sé, de las malas hierbas que crecen por todas partes. Quiero escribir tomándome un café bajo la sombra de un limonero, contemplando al colibrí buscado en esta ciudad de agosto. Quiero escribir entonando retornos, recordando la casa, la huerta, un choque y fuga o pensando en el Huánuco del ayer, en las huellas de las hormigas, en la carta del adiós, en el agujero negro.

Quiero escribir recordando a los amigos que ayer me visitaban, cuidándome para que mi madre no me diga que he caído en desgracia. Quiero escribir al caer la noche, sintiendo la tentación de dejar de fumar frente al fuego, mandar al carajo todo bajo el mismo cielo y detenido en la estación de los olvidos.

¡QUIERO ESCRIBIR! de eso y de muchas cosas más que me contaron, he visto y leído. Lo malo es que me tiembla la mano, y el aguardiente que bebo me mata las ideas en esta noche silenciosa.

Las Pampas, 28 de septiembre de 2023