Escrito por Israel Tolentino

Con la curaduría de María Eugenia Yllia y el apoyo del director Javier Rodríguez, se presentó en El Cultural de Arequipa: QUEHUISHA, MISMI – AMAZONAS. Los colores de un viaje. Estéticas y agencias amazónicas contemporáneas. Una sorprendente exposición donde se debate en torno al río Amazonas como el eje integrador en la cultura nacional, reflexionar el presente, demanda volver al origen.
El alto Huallaga ha traído y llevado los sueños de muchos pueblos, unas veces en la bondad de una abundante pesca y otras en la gris procesión del relave de la mina. La mirada hacia el río se ha ido aclarando en estos tiempos, recordar con impotencia el río vertedero de los 80´s y antes solo como línea divisoria entre territorios, poblados, sueños, historias e intereses.
Los ríos han sido los puentes desde siempre, las orillas se compartían y lo que le sucedía a un lado rebotaba a la orilla siguiente. Pensar el Amazonas desde sus nacientes entre las faldas de los nevados Quehuisha y Mismi en Arequipa, es entender que el territorio andino está íntimamente ligado al discurrir de esas aguas, en palabras de la curadora: Es necesario revisar la división Andes-Amazonía planteada desde la mirada centralista y tomar en cuenta las dinámicas generadas desde el paisaje y los seres que lo habitan e imaginar los vínculos y transacciones que han establecido con los pueblos asentados en toda su extensión altitudinal, desde tiempos ancestrales.

El gran río es el culmen de todo este circuito de arterias que han dado vida al mundo andino en una intimidad que se comienza y aprecia cada vez con más interés y responsabilidad. Los estudios sobre la morfología andina, en la práctica, se han entendido como divisiones, tanto así que regiones andinas amazónicas han crecido de espaldas a su Amazonía, cuando en la praxis se alimentan de ella. Se corre el riesgo de centralizar el sentimiento amazónico, impartiendo desde las aulas, que el río Amazonas nace en Nauta, esa superficial mirada desde el ministerio de educación ha hecho que miremos la Amazonia como otro mundo.
Esta exposición significativa pone el dedo en la llaga y devuelve, por ahora, al mundo andino, su parte consustancial amazónica, su cordón umbilical. El río da la vida, es la sangre que riega el territorio y sobre ella se ha levantado toda esta cultura milenaria. Quedan nombres en los llanos amazónicos tan andinos como costumbres “charapas” entre los habitantes de las alturas.
La coca es ese gran producto sagrado que une el territorio latinoamericano, desde sus caminos hechos de ríos, une en las alturas a los Apus, Jirkas, Orcos y cruzando a nado o canoa, une etnias: Quechuas, Asháninkas, Shipibos, Konibos, Kukamas, Boras, Murui Boras, Tulumayos, Panatahuas, Carapachos… dice el texto curatorial: Si los nevados son entendidos como entidades sagradas que proveen de agua para la reproducción de la vida y los múltiples recursos que se extienden en su verticalidad (la fertilidad de ganados, las cosechas, etc.); los ríos vertebran la vida ritual y la economía de los pueblos que recorren en su camino.

El arte no está ajeno a esta problemática, en Huánuco y las alturas de Huariaca (más de 2800 msnm), para el 24 de junio se va a almorzar a orillas del río y a zambullirse en sus aguas, se celebra San Juan y como dice Pablo Macera, la muerte del inca Atahualpa. Lo que la mirada republicana ha tratado de centralizar y conducir desde la comodidad capitalina, encuentra en las actitudes de los pueblos, indicadores que hacen fortalecer otros lazos que desde antaño se mantienen. El complejo arqueológico de Kotosh (2000 a d c.) tienen en su iconografía toda una cosmovisión amazónica andina, tal vez conscientes que el Huallaga, el Marañón y el Pachitea nos unían siempre.
La exposición Quehuisha, Mismi devuelve al público que el país está mucho más integrado que los muros invisibles, la reducida mirada PromPerú, retomando las palabras de María Eugenia: Pensar la Amazonía desde Arequipa es doblemente significativo: permite articular conocimientos y problemas compartidos.
El reto, más que descentralizador, es respetar las miradas del otro y ese “otro” no debe dormirse en un mediocre chauvinismo. Parte desde aceptarse, aportar a la platea oficial, como lo hiciera Pablo Macera desde las canteras del Seminario de Historia Rural Andina (SHRA). Miradas integradoras, con rigor intelectual, sin argollismo y otros ismos.

La exposición Quehuisha – Mismi, dice la curadora: problematiza la artificiosa división entre Andes y Amazonía. A cada uno de sus lados se despliegan enormes afluentes que a su vez le llevan aguas de otros recónditos lugares, se puede decir que, desde la luz de Bari, se ha querido, con ingentes cantidades de agua, crear esa gran serpiente Yacumamá, la madre de todas las aguas, la gran arteria de este continente (Ambo, octubre 2022).




