QUÉ VIENE DESPUÉS DEL COLEGIO

Por Arlindo Luciano Guillermo

El estudiante que egresa este 2024 del colegio ha permanecido 14 años en una institución educativa pública o privada. Ahí aprendieron a leer, escribir, las operaciones aritméticas, algunas reglas de convivencia democrática y a resolver problemas. Quien no resuelve problemas no está preparado para enfrentar la vida, que no es color de rosa, sino de retos diarios.  También son los mejores años -la secundaria principalmente- en la biografía del ciudadano, los amigos que duran para siempre, palomilladas transgresoras, enamoramientos incipientes. El siguiente escenario -no para todos- es la universidad donde el ritmo educativo, social y cultural cambia radicalmente. El director ahora es el rector; el coordinador, el decano; el docente, el catedrático (médico, ingeniero, abogado, arquitecto); ya no hay auxiliar para exigir el cumplimiento de la puntualidad, asistencia ni las normas institucionales. En los colegios públicos se acabó Qaliwarma, Juntos, JEC y Cuna Mas. Es el momento de demostrar qué aprendieron en el colegio. Es la hora de la autonomía de decisiones, hábito de lectura, redacción de textos académicos, gestión de las emociones, asertividad, tolerancia a la frustración, consolidación o crisis de la vocación profesional, las relaciones interpersonales, las habilidades blandas. En 5 o más años viene el salto cualitativo (mínimo con bachiller) al mercado laboral, empleabilidad, emprendimiento o empresariado. Miles de adolescentes egresan del colegio todos los años; no todos estarán en las universidades. En enero empieza la academia preuniversitaria; en 10 semanas aprenderán lo que no se aprendió 5 años. Se abre la consuetudinaria oferta preuniversitaria. Aparecen otros gastos mayores. Pasó la despedida, la firma, los lloriqueos, la promesa del recuerdo eterno, los garabatos y frases en las camisas, la fiesta de promoción.

La pregunta del millón: ¿en qué condiciones académicas, lectoras, emocionales, psicológicas y visionarias egresan decenas de miles de estudiantes de secundaria?, ¿se les hizo un correcto diagnóstico de vocación e interés profesionales?, ¿se les hizo una medición cognitiva y actitudinal?, ¿cuántos de estos jóvenes necesitan imprescindiblemente academia preuniversitaria para el examen de admisión?, ¿los que no tienen recursos económicos adónde irán?, ¿institutos pedagógicos o tecnológicos?, ¿existen otras opciones de estudios que la universidad? Siempre nos han dicho: “Si quieres ser algo en la vida tienes que ser profesional”. Inferencia elemental: solo si eres médico, contador, docente o abogado serás un triunfador y exitoso en la sociedad. ¿Y el emprendimiento?, ¿las fuerzas policiales y militares?, ¿el arte, la música, la pintura, la actuación?, ¿la vacación religiosa no es una buena decisión vocacional? El padre Oswaldo Rodríguez es un admirable sacerdote que ha estudiado para tal misión. Les debe espantar a los padres saber que su hijo diga que no quiere ser médico o ingeniero, sino sacerdote, escritor, poeta, músico. La respuesta iracunda: “Con esa profesión te vas morir de hambre”. ¿Cuántos han estudiado una carrera profesional que no quisieron y ahora la desempeñan solo por cumplir, por un sueldo de sobrevivencia, sin pasión ni vocación de servicio? Yo hubiera sido un ingeniero civil, pero felizmente soy docente. Pelo D’ Ambrosio y Mito Ramos (contador y abogado) son músicos famosos, ganan lo que quieren, no tienen jefes ni patrones; están vivos, comen bien, viven cómodamente, educan a sus hijos. Mi amigo Omar Majino es un extraordinario guitarrista, talentoso compositor -y de los mejores, que viaja al extranjero constantemente-, docente universitario. Salvador del Solar, lo vemos en Cien años de soledad de Netflix, es actor y abogado. García Márquez decidió ser escritor, antes que abogado por imposición de su padre, tiene más fortuna que cualquier profesional universitario por la venta de Cien de soledad (40 millones de ejemplares) y el Premio Nobel de Literatura 1982 (un millón dólares aproximadamente). Si una profesión se mide por los ingresos, entonces se debe elegir una de alta rentabilidad, tengas o no vocación. No es lo mismo decir “mi hijo es médico”, que decir “mi hijo es docente o artista”.   

¿De todos los que egresan del año escolar 2024, cuántos van a elegir la docencia en institutos o universidades? Hay una afirmación infame: “Aunque sea para profesor estudia”. Eso ha cambiado sustancialmente desde que la exigencia es enorme en meritocracia y desempeño profesional. El docente de hoy no gana como antes de la Ley de Reforma Magisterial (2012). ¿Conocen esta ley los egresados de secundaria? Seguramente que el referente del ejercicio docente es el profesor que les enseñó. Se ha estigmatizado negativamente al docente. Se cree, falsamente, que el docente gana un sueldo miserable, irrisorio, por debajo del promedio salarial de otras profesiones. El docente hoy gana según escalas, no por año de servicio, su cese tiene compensaciones económicas nada despreciables.  En el magisterio prima la meritocracia, se ingresa si apruebas exámenes, asciendes de escala si apruebas exámenes de alta demanda académica, si “quieres ganar más, tienes que estudiar”. Un médico general no gana igual que un médico especialista. Un abogado litigante puede ganar más que un fiscal o un juez. Un administrador, contador o economista -nombrado o CAS indeterminado- puede eternamente terminar en una institución pública o privada estancado, sin ascender, solo con la licenciatura. Cualquiera no es docente. Los estudiantes no merecen -la educación es un derecho de servicio público- docentes frustrados, que estudiaron docencia como última opción, por necesidad de trabajo y sobrevivencia.

En la institución educativa emblemática Nuestra Señora de las Mercedes se ha ejecutado un proyecto trascendental para el destino profesional de 291 estudiantes, que egresan este 2024, de los cuales 63 (21%) eligieron ser docentes. ¿Qué los ha motivado a ser docentes?, ¿quiénes los inculcaron?, ¿acaso los paradigmas son sus docentes?, ¿tal vez llegaron a la conclusión que ejerciendo la docencia también se puede alcanzar éxito profesional, calidad de vida y bienestar familiar. “Me proyecto a cumplir mis metas” consiste en investigar la carrera profesional elegida, redactar un ensayo argumentativo, sustentar y aprobar ante un jurado calificador. Que se cumpla o no tal compromiso es otro cantar. Los hijos no siempre estudian la profesión que los padres quisieran. A los 16 o 17 años ya se pueden tomar decisiones autónomas. Los jóvenes que egresan este 2024, el 2025 ya serán -en el mejor de los escenarios- estudiantes universitarios donde elegirán al rector, el 2026 van a elegir, por primera vez, autoridades en elecciones democráticas. ¿Les hemos enseñado a pensar antes de votar, a diferenciar el argumento de la falacia, la demagogia o el sofisma? Si no hubo lectura y pensamiento crítico el destino político del Perú se ensombrecerá aún más. Estos jóvenes estudiarán y trabajarán con inteligencia artificial como la nueva tecnología, las redes sociales y el home oficce.