La imposición de **aranceles** por parte de la Unión Europea a productos estadounidenses representa un nuevo capítulo en la tensión comercial transatlántica. Esta medida responde a los gravámenes que la administración Trump impuso sobre el acero y el aluminio importados desde Europa, desatando una controversia que afecta diversos sectores económicos.
Según la investigación publicada por The New York Times, la Unión Europea planea implementar aranceles en dos fases, apuntando estratégicamente a estados con fuerte presencia republicana para ejercer presión sobre el gobierno estadounidense.
La primera fase, programada para entrar en vigor el 1 de abril, afectará productos que ya fueron objeto de aranceles durante el primer mandato de Trump. Entre ellos se encuentran el bourbon, las embarcaciones y las motocicletas. En el caso específico del whisky y las motocicletas Harley-Davidson, los aranceles podrían alcanzar un drástico 50 por ciento, lo que supone un duro golpe para los productores de estos artículos.
La segunda fase, cuya implementación se prevé para el 13 de abril, implicaría la imposición de gravámenes a productos por un valor aproximado de 19.6 mil millones de dólares (18 mil millones de euros). La lista preliminar de productos afectados abarca 99 páginas e incluye una amplia variedad de bienes, desde productos agrícolas hasta artículos manufacturados.
Entre los productos que podrían verse afectados se encuentran la carne de ave, la carne de res y la carne de cerdo, así como la soja, el vino (incluido el espumoso), la cerveza, pantalones, camisas y otras prendas de vestir, bolsos, refrigeradores, lavadoras y cortadoras de césped. La elección de estos productos no es casual, ya que muchos de ellos se producen principalmente en estados con representantes republicanos, como los cultivos del distrito de Louisiana representado por el Presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y el ganado de Nebraska y Kansas.
La estrategia de la Unión Europea busca, según el reportaje, impactar a Estados Unidos donde más le duele para forzar al gobierno a sentarse a negociar, minimizando al mismo tiempo el daño a los consumidores y empresas europeas. Para ello, la Unión Europea está consultando a consumidores, empresas y legisladores de los 27 estados miembros para finalizar la lista definitiva de productos afectados. Esta medida se produce en un contexto donde el comercio entre la UE y EEUU representa una parte significativa del intercambio global, con un valor estimado en billones de dólares anualmente, y donde la Organización Mundial del Comercio (OMC) juega un papel crucial en la resolución de disputas comerciales.



