¿Qué países reemplazarán a EE. UU. como donantes internacionales tras su retirada?

El panorama de la ayuda internacional se enfrenta a un cambio sísmico, a medida que Estados Unidos reduce drásticamente su asistencia a las naciones en desarrollo. Esta decisión, que representa un giro en la política exterior estadounidense, ha desatado un intenso debate sobre quién asumirá la responsabilidad de financiar programas cruciales para la salud y el desarrollo global. Recordemos que la ayuda exterior de EE.UU. ha sido históricamente un pilar fundamental en la lucha contra enfermedades y la promoción del bienestar en países con recursos limitados.

Según la investigación publicada por The New York Times, la disminución del apoyo estadounidense ha provocado una conversación urgente entre gobiernos, organizaciones filantrópicas y entidades dedicadas a la salud y el desarrollo a nivel mundial. La interrogante central es clara: ¿quién llenará el vacío dejado por la drástica reducción de fondos?

En el año anterior, Estados Unidos destinó aproximadamente 12 mil millones de dólares a iniciativas de salud global. Estos fondos han sido cruciales para el tratamiento del VIH y la prevención de nuevas infecciones, la vacunación infantil contra la polio, el sarampión y la neumonía, el suministro de agua potable a refugiados y la disponibilidad de pruebas y medicamentos para combatir la malaria. La magnitud de esta contribución subraya la importancia del papel que ha desempeñado Estados Unidos en este ámbito.

La Fundación Gates, que se posiciona como el segundo mayor financiador, asigna una fracción considerablemente menor a estos fines. En 2023, la división de salud global de la fundación dispuso de un presupuesto de 1.86 mil millones de dólares. La disparidad entre estas cifras evidencia la dificultad de encontrar un sustituto que iguale el nivel de inversión previo de Estados Unidos. Esto plantea serias preocupaciones sobre la sostenibilidad de los programas de salud vitales.

“El vacío que ha llenado Estados Unidos no puede ser fácilmente cubierto por nadie”, advierte el Dr. Ntobeko Ntusi, director ejecutivo del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica. Esta declaración resalta la magnitud del desafío que enfrenta la comunidad internacional ante la reducción de la ayuda estadounidense. Además, la contracción del presupuesto destinado a la salud podría revertir los avances logrados en las últimas décadas en la lucha contra enfermedades infecciosas y la mejora de la salud infantil.

La asistencia estadounidense se ha canalizado tradicionalmente a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (U.S.A.I.D.), que ha sufrido una importante reestructuración bajo la nueva administración, y otras agencias gubernamentales, como los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), que también se enfrentan a recortes sustanciales en las subvenciones para la investigación en salud. Este desmantelamiento de la infraestructura de ayuda exterior estadounidense agrava aún más la situación.

Ante este panorama, algunos sugieren que otros países, especialmente China, podrían asumir algunas de las responsabilidades dejadas por Estados Unidos. Otros, por su parte, están haciendo llamamientos urgentes a grandes organizaciones filantrópicas como la Fundación Gates y Open Philanthropy. Sin embargo, queda por ver si estos esfuerzos serán suficientes para compensar la pérdida de financiación estadounidense y garantizar la continuidad de los programas de salud y desarrollo global que dependen de ella.