¿QUÉ LEERÁN LOS ESTUDIANTES EL 2023?

¿QUÉ LEERÁN LOS ESTUDIANTES EL 2023?

Por Arlindo Luciano Guillermo

Lo ideal es que lean 10 libros al año; no solo se lee literatura. Es imposible que un plan lector sea efectivo, útil, provechoso y exitoso, si el profesor no es lector, no muestre afición por la lectura ni afecto por el libro físico, en PDF, digital o e-bock; no se exige lo que no se hace, se motiva con el ejemplo. Si en la familia no se lee es poco lo que el colegio puede hacer. El docente es el referente del lector. No concibo sinceramente el ejercicio de la docencia sin lectura, sin investigación, actualización, información ni obsesión racional por el conocimiento y el pensamiento crítico. En el Perú está vigente el Diseño Curricular Básico con enfoque por competencias; es decir, se enseña y educa a los estudiantes no para que sean sabio, enciclopédicos, eruditos, humanistas, sino ciudadanos íntegros, con perfil democrático, críticos, reflexivos, con derecho a la disensión y el aporte; sean capaces de resolver problemas. Un estudiante cuestionador con argumentos es más valioso que 100 que solo reciben información y la aceptan sin murmurar y repiten la lección al pie de la letra. En el colegio desaprobé literatura porque corregí públicamente al profesor que Aves sin nido no era un cuento ni una historia que ocurría en la ciudad del Cusco, sino una novela indigenista que tiene dos núcleos temáticos: abuso e injusticia contra los indios en la comunidad de Kíllac y el frustrado romance de Manuel y Margarita, ambos hermanos de un mismo cura en madres diferentes. El 8 fue un abuso, pero un premio a mi incipiente hábito lector. Yo había leído Aves sin nido de Clorinda Matto de Turner de la editorial Peisa. 

El plan lector es una estrategia pedagógica y académica para identificar lectores y fortalecer hábitos de lectura y habilidades lingüísticas. No se trata de leer cualquier libro, sino aquellos que tengan estándares de calidad estética, temática de impacto, lenguaje audaz y trascendencia. Un libro leído con interés y dedicación deja huellas indelebles en el lector. Un libro puede definir un ideal, una carrera profesional o un destino. Un lector es un ciudadano reflexivo, con destreza verbal y aptitudes para la argumentación. En una sociedad democrática, el pensamiento crítico es piedra angular de la ciudadanía, la tolerancia y la institucionalidad. Quien no lee no muere ni deja de respirar, pero tendrá ciertas desventajas con respecto a quienes leen más por vocación, instrucción, con fines de aprendizaje, contrastación, absorción de conocimiento, que por diversión y entretenimiento. La lectura no es una práctica visual e intelectual frívola. Es clave definir qué libros van a leer los estudiantes. Quien lee tiene los ojos abiertos ante la realidad, está atento al proceso social e histórico y se convierte en un usuario responsable y hábil del lenguaje. La lectura es el perfecto pararrayos contra el analfabetismo funcional, la estupidez de creerse infalible y la escasez de tolerancia. El plan lector no busca identificar ni promocionar potenciales escritores de literatura; si los hay en hora buena.         

Los estudiantes podrían leer las parábolas de Jesús, canciones, poesía, artículos periodísticos y ensayos. Los evangelios de Mateo, Marco, Lucas y Juan contienen célebres relatos de Cristo: “El buen samaritano”, “El hijo pródigo”, “El buen pastor”, “El sembrador”, “El grano de mostaza”, “Las bienaventuranzas” (El sermón de la montaña), etc. En estas parábolas existen los componentes del texto narrativo. Hay historia, personajes, leguaje adecuado, narrador, tiempo y lección moral. “El hijo pródigo” enseña a perdonar. Muchas canciones tienen la estructura de un relato. Solo pondré algunos ejemplos: Pedro Navaja de Rubén Blades, El gran varón de Willie Colón, Juanito Alimaña de Héctor Lavoe, Historia de taxi y Tocando fondo de Ricardo Arjona y 19 días y 500 noches de Joaquín Sabina. Un análisis del lenguaje poético y coloquial, perfiles de personajes y secuencia de hechos y circunstancias es totalmente posible. Leer artículos periodísticos y ensayos ejercita la reflexión, el pensamiento crítico, la libertad de expresión y la tolerancia democrática. Es recomendable leer El lenguaje de la pasión y La verdad de las mentiras de MVLl, ¡Crear o morir! de Andrés Oppenheimer, Indios, mestizos y señores de Arguedas, Ciudad desnuda de Andrés Jara. Leer poesía es la hazaña mayor del plan lector. La poesía tiene poquísimos lectores. Sugiero la lectura de Los heraldos negros de Vallejo, Blanco de hospital de Cárdich, Los versos del capitán de Neruda y Romancero gitano de Lorca.  

Quisiera que me recuerden como lector, antes que escritor. No he publicado libros. Hubiera querido ser un lector con sueldo fijo, pensionable y digno; leo cuando el trabajo me libera de sus fauces. Lo que más me apasiona en la vida es leer; ojalá en la otra siga leyendo. En vez de un departamento amoblado tengo una biblioteca, no tengo automóvil, pero sí la imaginación atrevida y temeraria para viajar, sin pasaje ni trajines, a París, Buenos Aires, Madrid, Macondo, Comala, las barriadas de Lima, Yanahuanca, Dublín, Granada, En 1988 me entró la locura de abandonar la universidad y la política dirigencial para dedicarme íntegramente a leer y escribir en la casa de Abancay. Nadie me preguntó afortunadamente por qué no iba a la universidad. Tenía 22 años; me sostenía con trabajos esporádicos en academias preuniversitarias. De los 11 curso que llevaba me jalé todos; vivía feliz con mis libros y mi máquina Olivetti. Mis padres creían que estaba loco; claro que estaba loco, pero feliz. Fue el año que más he leído en mi vida, nunca he vuelto a leer así. Leía como si fuera un empleado público con horario, refrigerio, descanso y relajo en larguísimas caminatas a Kotosh con libreta en mano para anotar lo que se me venía a la cabeza. No había ningún plan lector. Me hice lector solo, por instinto, por voluntad propia. Estuve siempre junto a amigos lectores, escritores y periodistas: Luis Mozombite, Samuel Cárdich, Roel Tarazona, Rubén Valdez, Alberto Farfán que sabía más de Borges que de Pitágoras, Mario Malpartida, Andrés Cloud; a ellos les debo sinceramente ser lector terco y consecuente.    

El plan lector se mide por la legión de lectores que coja el hábito lector, muestre afecto por el libro y ejerza el pensamiento crítico en la apreciación y valoración. Leer no hace daño a la salud física, emocional ni mental; no es alérgico. Sin lectura se pierde la oportunidad de ser “libre como el viento, peligroso como el mar”. Un plan lector debe ganar lectores de largo plazo, que lean hasta la vejez. Leer es placer intelectual y espiritual, hábito obsesivo muy provechoso, vicio positivo cuya adicción no es letal. Yo prefiero leer mil veces. Solo le pido a la vida que no me deje ciego, no me alcance el Alzheimer y respire eternamente junto a mis libros.