Qué le ocurre a tu cerebro si no usas el móvil durante un día

La **desconexión digital**, especialmente durante periodos de reflexión como Semana Santa, se presenta como una valiosa oportunidad para reconectar con uno mismo y con el entorno. En una sociedad crecientemente digitalizada, donde el smartphone se ha convertido en una extensión de nuestra realidad, la idea de separarnos de estos dispositivos, incluso por un breve lapso, puede generar ansiedad y resistencia. Sin embargo, la neurociencia y la psicología sugieren que esta pausa puede ser profundamente beneficiosa para nuestra salud mental y bienestar general. El fenómeno de la adicción al móvil se ha intensificado con la pandemia, según la OMS, reportándose un incremento del 30% en el uso de dispositivos móviles a nivel mundial.

Según la investigación publicada por El Comercio, realizar una pausa digital, aunque desafiante, ofrece una ocasión propicia para revitalizar el bienestar emocional y fortalecer las relaciones interpersonales.

La dificultad para desprendernos del celular radica en la compleja interacción de factores psicológicos y neurológicos. El miedo a perderse algo (FOMO), la necesidad de gratificación instantánea proporcionada por las redes sociales y la activación del sistema de recompensa cerebral a través de la dopamina, contribuyen a la dependencia. Cada notificación, cada “me gusta”, refuerza el uso compulsivo del dispositivo, creando un ciclo adictivo comparable al juego patológico. De hecho, estudios recientes revelan que el usuario promedio revisa su teléfono aproximadamente 150 veces al día, un dato que subraya la magnitud de la implicación digital en nuestra cotidianidad.

El uso constante del celular puede acarrear consecuencias negativas para nuestra salud mental y cerebral. La sobreestimulación digital interfiere con la atención, la memoria de trabajo y la capacidad de concentración. Áreas cerebrales clave como la corteza prefrontal (responsable del control de impulsos) y el sistema límbico (que regula las emociones) pueden verse afectadas, generando ansiedad, irritabilidad y una disminución del mindfulness. En jóvenes, cuyo cerebro aún está en desarrollo, estas alteraciones pueden ser aún más pronunciadas. Según un informe de Common Sense Media, los adolescentes pasan un promedio de nueve horas diarias en línea, lo que exacerba los riesgos asociados al uso excesivo de pantallas.

No obstante, los beneficios de desconectarse digitalmente durante 24 horas son notables. Inicialmente, es común experimentar ansiedad y síntomas de abstinencia digital. Sin embargo, a medida que transcurre el tiempo, el sistema nervioso se regula, mejorando la concentración, disminuyendo la ansiedad basal y reactivando funciones cognitivas esenciales. Se produce un “reinicio neurológico” que facilita el descanso mental y la reconexión con el presente. La UNESCO, en un informe reciente, ha instado a los sistemas educativos a fomentar la alfabetización mediática e informacional para promover un uso responsable de la tecnología desde edades tempranas.

Para que una pausa digital sea verdaderamente efectiva, es fundamental establecer límites claros, dedicar tiempo a actividades desconectadas y practicar la atención plena. Se trata de cultivar una relación más equilibrada con la tecnología, pasando de un uso impulsivo a uno deliberado. Actividades como hacer ejercicio, meditar, leer, disfrutar de la naturaleza o pasar tiempo con seres queridos pueden potenciar los efectos positivos de la desconexión. La clave reside en la regularidad y la preparación emocional, permitiendo que el cerebro se adapte a nuevas rutinas y recupere su capacidad de concentración y autorregulación. En Alemania, por ejemplo, algunas empresas están implementando políticas para limitar el envío de correos electrónicos fuera del horario laboral, buscando promover el bienestar de sus empleados.

Reconocer la necesidad de una pausa digital comienza por escuchar las señales que nuestro cuerpo y mente nos envían. Sentir ansiedad, irritabilidad, dificultad para dormir o concentrarse al dejar el celular son indicadores de que es momento de desconectarse. La desconexión debe hacerse de forma gradual y consciente, sin imponer cambios bruscos que generen ansiedad o culpa. El objetivo no es sufrir la desconexión, sino disfrutarla, recuperando el bienestar sin culpa ni angustia. A nivel global, se observa una creciente tendencia hacia el turismo “detox digital”, donde los viajeros buscan destinos que ofrezcan la posibilidad de desconectarse del mundo digital y reconectar con la naturaleza y consigo mismos.