Denesy Palacios Jiménez (*)
“El mundo se mueve a un ritmo tan acelerado que la mayoría de las personas irrumpió en el siglo XXI olvidando sus orígenes. Debiera ser al revés. Deberíamos valorizar nuestras raíces y nuestra cultura, y utilizarlas como cimientos para construir nuestro futuro”. Recomendaciones de estudiantes en el Foro Juvenil del Patrimonio Mundial, Pekín (China).
Tenemos frente a nosotros una amenazante guerra contra un pueblo hermano nuestro; quienes generaron este problema de hambruna y miseria dan la espalda a la realidad social y política para culpar a un gobierno incapaz de solucionar el problema, que solo ha servido para expulsar a su población obligándola a migrar. Pregunto, un país como el nuestro con tantos problemas sociales y económicos, de pobreza extrema, desocupación, hambre y miseria, ya ha compartido bastante con nuestros hermanos venezolanos, pero no estamos en condiciones de solucionarles su problema, tampoco podemos seguir recibiéndolos engañándoles que acá tendrán mejores condiciones de vida de las que huyen. Eso no quiere decir que justifiquemos la intervención de otros países que como el nuestro tampoco pueden solucionar sus problemas sociales, políticos y económicos; y por eso les cierran las fronteras para que migren, caso de EEUU, pide que nosotros los ayudemos y los recibamos, y ellos cada vez cierran con mayor fuerza sus fronteras, levantan muros, esto debe ser un despertar para todos nosotros.
Por una parte, no sabemos cómo atacar la inseguridad creciente, así como el desempleo y la desocupación, menos los problemas de mortalidad materna, anemia y desnutrición crónica en nuestros niños y madres, sumado a ello el crecimiento galopante de la delincuencia, y como que debemos tomar partido de esta situación internacional, cuando nosotros también tenemos problemas tan graves como la corrupción, que no sabemos cómo enfrentarla y que sabemos que es el principal obstáculo para nuestro desarrollo; es tiempo de volver la mirada hacia lo nuestro, es decir, primero solucionemos nuestros problemas y después preocupémonos por nuestros vecinos. Toda esta humorada de una guerra, más parece cortinas de humo, para no solucionar lo que tenemos que hacer.
Qué dice nuestra historia, la guerra de la llamada independencia del colonialismo español de casi todo Latinoamérica, la tuvimos que asumir nosotros, y desde allí se origina nuestra deuda externa, y gran parte de pérdida del territorio y de recursos; la guerra negra del Pacífico, la peor cuota la pagamos nosotros, y el gran favorecido fue Inglaterra, entonces frente a ese panorama, quien tiene interés en el petróleo para su industria automotriz, a pesar que gran parte de las patentes ya no son americanas, sino chinas.
Es decir, si hablamos de democracia y de su fortalecimiento, creo que primero debemos hacerlo nosotros, es como mirar la paja en el ojo ajeno. Hasta cuándo vamos a entender que los conflictos bélicos, se dan por intereses de quienes se creen dueños del mundo, y entonces qué papel jugamos allí, defendiendo a uno u otro, no se trata de defender gobiernos y políticas que siembran más hambre en nuestras poblaciones, se trata de defender lo más elemental; la vida humana, nuestro planeta tierra, nuestros recursos, nuestros valores, nuestros derechos, no los derechos de las bestias que atropellan, violan y matan a tantos inocentes.
Es por ello que debemos volver la mirada hacia lo nuestro, hacia nuestra cultura, hacia nuestra gente, hacia nuestras raíces, hacia nuestro patrimonio legado y forjado por gentes de bien, que amaban la tierra y la defendían, y no la contaminaban, como lo hacemos ahora que nos creemos muy civilizados.
Basta de cortinas de humo, basta de tantos cenáculos políticos trasnochados, que justifican los robos y la corrupción, y con ello siembran la desesperanza, el atraso y la miseria.



