Pues sí: Piura no es el Perú

 Escrito por: Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

La insolencia con que el señor Francisco Sagasti, aquel al que el azar ha llevado a convertirse en presidente de la República prácticamente sin saber leer ni escribir, se ha referido a la gente de Piura, a raíz de que en una actitud a todas luces justificable, sus principales autoridades decidieron retirarse del lugar donde se encontraban recibiendo las vacunas llevadas por el Ejecutivo, en señal de protesta porque en lugar de entregarles las cuarenta mil dosis anunciadas previamente, solo entregaron poco más de nueve mil, pinta de cuerpo entero al individuo este, que, si algo viene demostrando desde que asumió la más alta magistratura del país, es que el cargo le ha quedado sumamente grande.

Y hablamos no ya debido a su probada incompetencia para hilvanar un discurso cuando menos medianamente coherente cada vez que le da por dirigirse a la población sin el auxilio de un providencial papel escrito confeccionado para la ocasión por alguno de sus ilustrados asesores, sino por su demostrada ineptitud para afrontar con solvencia los embates que día a día nos viene infligiendo la pandemia. Porque no se necesita ser ningún entendido en la materia para darse cuenta de que lo que hace ese señor todos los días, y desde el momento mismo que fue llevado al poder debido a las circunstancias que ya todos conocemos, es lo que en términos coloquiales denominamos como “hacer hora”, esto es, entretenerse haciendo o diciendo cualquier tontería, a la espera de que pase el tiempo, de que culmine su mandato. En buena cuenta, y para decirlo en buen cristiano, cojudearse olímpicamente.

Hecho este, que, si no se diera en la coyuntura en la que nos encontramos, puede que hasta se lo pasaríamos por alto, acostumbrados como estamos los peruanos a que nuestros políticos no destaquen precisamente por su diligencia en hacer bien su trabajo. Da la casualidad, sin embargo, de que no son los momentos actuales los más adecuados para ver perder el tiempo a quienes por la propia naturaleza de los cargos que ostentan están llamados a utilizar su poder para el bien de toda la ciudadanía, independientemente de dónde sea esta, de si provenga de la mismísima capital o de uno de esos miles de poblados remotos cuyos nombres se desconocen casi tanto como las precarias condiciones en que suelen vivir sus habitantes.

Claro que para este sujeto la realidad parece marchar por otro lado, por una suerte de vía paralela a la del entendimiento del común de las gentes. Pues tuvo la desfachatez de afirmar que, así como se suele decir a menudo, y con justa razón, que el Lima no es el Perú, Piura tampoco lo es. Declaración realizada en el evento antedicho, y que buscaría, según su torcido razonamiento, restar validez al legítimo y justificado reclamo de las autoridades de la mencionada región por no estar recibiendo las dosis suficientes con que comenzar a inmunizar a su población más vulnerable.

Y no es, desde luego, que caigamos en el manido discurso de ataque al consabido centralismo limeño. Se trata, simple y llanamente, de que una cosa es tener que soportar la indiferencia con que desde siempre han visto las autoridades nacionales a las regiones del interior del país, y otra muy distinta es tener que tolerar, encima, a un papanatas de presidente mientras intenta descalificar el legítimo reclamo de quienes se ven, una vez, relegados a un segundo plano, y, lo que es peor, en la más adversa de las circunstancias.

¿Será posible que el incompetente ese sea tan ciego como para no darse cuenta de que lo que viene ocurriendo en gran parte de las regiones del país es una verdadera catástrofe? ¿Creerá, acaso, que los estragos provocados por la pandemia sólo se dan en la capital? ¿No se dará cuenta, por ejemplo, de que mientras en Lima ya se lleva vacunando varias semanas a los mayores de ochenta años, en la casi totalidad de regiones ni siquiera se empieza?

Pues resulta evidente que ni siquiera se da por enterado. O, si sí, pues que le importa un carajo. Que otra manera se podría explicar la desfachatez suya al pretender restarle importancia al reclamo de las autoridades de la mencionada región norteña, que no hace otra cosa que evidenciar la realidad de una gran parte del país. Esa parte del Perú que no es la capital, y que por ello viene sufriendo la injustificable postergación de las autoridades del Ejecutivo.

¿Y todavía tienen la caradura de criticar a quienes con su propio peculio salen del país con rumbo a los Estados Unidos para ir en busca de una vacuna que, si se quedaran en el Perú esperando a que el Gobierno se la administre, lo más probable es que antes les llegaría la muerte? Pues sí: Piura no es el Perú. El Perú es una mierda.