Escrito por: Jacobo Ramírez Mays
Muchas de las autoridades que han pasado y siguen pasando, ya sea por el sillón municipal o por el sillón gubernamental, creen que los huanuqueños somos cojudos, weplas, shicras. No, señor. Nos haremos a los cojudos, que es otra cosa, pero huevones no somos.
Hoy les voy a contar sobre dos temas; uno que lo he visto y el otro que he leído por algún medio de comunicación; aunque por estos días son pocos los que hablan sobre las actividades de nuestros gobernantes. Me imagino que porque para muchos es más importante saber cuántos contagiados o muertos hay por la pandemia, que saber si el gobierno regional está invirtiendo el presupuesto bien y en qué.
EL HOSPITAL. Hace algunos días atrás, pasé por esa construcción imponente que se está haciendo donde antes fue dicho nosocomio. Lo vi bello, perfecto. Entonces me imaginé enfermo, recostado en unas de esas camas, oliendo a desinfectante con aire acondicionado, y con calefacción para las noches frías. Me imaginé a un médico entrando a la habitación para auscultarme, de lejitos nomás, para después recetarme unos medicamentos que, dicho sea de paso, mis familiares tendrían que comprarlos. Luego sentí las manos finas de una enfermera aplicándome inyecciones. Incluso llegué a decir que valdría la pena vivir ahí.
Seguí avanzando y, cuando levanté la vista para saber dónde se pararía un helicóptero en caso de emergencia, me di cuenta de que una parte de la fachada está, como dicen los huanuqueños, despellejándose. La pintura se está cayendo por partes, y eso que todavía no ha recibido las lluvias de nuestro invierno. Entonces me imaginé que la fuerza del hélice de la nave haría volar partículas de pintura por doquier, las cuales caerían en la cara de enfermos, transeúntes y, por qué no, hasta en el Gobierno Regional.
Minutos después, busqué a un albañil para que me explicara por qué la pared se está descascarando de esa manera. Él me respondió: «Profe, eso es porque han puesto pintura de baja calidad, de bajo precio, y seguro que las boletas están sobrevaluadas. Eso es una forma de tirarse la plata, profe. Esos cojudos son mishimaquis, para eso sí sirven, creen que todos nosotros somos shicras, y no nos damos cuenta, pero no es así, profe».
EL COVID. Con respecto a este tema, son pocos los gobiernos regionales a nivel nacional que han tomado decisiones efectivas. Y, como el nuestro no quería quedarse atrás, tampoco hizo casi nada. Para enfrentar este mal, se estuvo pidiendo la construcción de plantas de oxígeno, y nuestra ciudad no fue ajena a ello. Entonces, se comenzó con las gestiones y ahora se puede leer en el Facebook del Gobierno Regional, que dicho sea de paso casi nadie lee, que se hará realidad en la primera semana de octubre. Contento por dicha información, se la transmití a un amigo que es veterinario, y también para que me explicara un poco de eso. Él me respondió sin mucho rodeo: «Profe, eso de la planta de oxígeno en nuestra ciudad va a ser cuando ya la vacuna esté lista, cuando se acabe la botella de aceite o cuando lo negro sea blanco y lo largo, corto. O sea, profe, es pura pendejada; no quiero pensar mal, pero ellos piensan que somos weplas; se acordará, profe; y le apuesto un pichiperro que nuestra planta de oxígeno estará lista cuando ya nos hayamos acostumbrado al COVID. Ellos lo que quieren es que la terminación de esa planta se extienda unos meses más para sacar su tajada pe´, profe; no se haga al wepla, que usted entiende muy bien eso. Para ser gobernador, profe, hay que ser cleptómano».
Pensando en este último término, me fui a buscar el concepto exacto en un diccionario, y dice a la letra: “f. Propensión morbosa al hurto”. Desde ese momento, me puse a pensar en que los que nos gobiernan no nos roban, sino que tienen una enfermedad, que es robar, y que esta forma parte de su existencia; de modo que así como nosotros tenemos que respirar para vivir, ellos tienen que robar para vivir.
Las Pampas, 17 de setiembre de 2020




