Puerto inca: provincia de riqueza paisajística y tradiciones ancestrales

Por. Iraldia Loyola
La mañana nos recibía con una densa neblina que se disipaba dejando ver al borde de la carretera la vegetación de la selva huanuqueña: los ficus, caobas, cedros e ishpingos, en cuyas copas todavía se puede oír el trino de algunas aves que se resisten a abandonar su hábitat debido a la deforestación.
Después de un largo viaje, llegamos a la provincia de Puerto Inca, cuya riqueza paisajística y de tradiciones ancestrales solo se compara con lo infinito de su cielo azul. Iniciamos una aventura fascinante, lejos del bullicio de los automóviles y del trajín citadino.
Partimos desde Puerto Inca, por el malecón Leguía; cruzamos el río Pachitea en lancha, para llegar al fundo ganadero “Chelsi”, finca con más de 145 hectáreas, de propiedad de Leonio Lukashevich que desde hace 18 años regula la biodiversidad con el proyecto de reintegración de árboles de caoba, cedro, ishpingo y moringa, y además cuenta con 200 ejemplares de ganado vacuno de raza Brahman y Brown Swiss, cuya producción supera las 10 toneladas de carne anual, distribuidas entre los mercados de Pucallpa y Lima.

Codo del Pozuzo: capital ganadera de Huánuco
La tarde llegaba a su fin y emprendemos un largo viaje hacia la capital ganadera del departamento. Casi a media noche, llegamos a Codo del Pozuzo, distrito de crecimiento lento pero ordenado, una de las zonas ganaderas más importantes del departamento y con variados destinos turísticos.
Al día siguiente, partimos de madrugada hacia el puente colgante de Chorropampa, donde se ubica el Lek, para la observación del Rupicola peruvianus, nombre científico del gallito de las rocas, el ave nacional. En Chorropampa el río Chorropampa se une al Pozuzo, y en su cauce, de manera caprichosa, forma un codo de aproximadamente 145 grados cambiando de dirección, motivo por el cual los colonos austro alemanes denominaron a esta zona Codo del Pozuzo.
Más tarde, la lluvia se precipita, pero a pesar de ello partimos hacia el fundo Las Gemelas de Andrés Gstir, ciudadano codeño que pertenece a la tercera generación de colonizadores austro alemanes asentados en esta parte de la selva huanuqueña y se dedica al manejo de piscigranjas, criando pacos, boquichicos y gamitanas, así como la crianza de vacunos de raza Brahman y Brown Swiss de carne.
Unos kilómetros más adelante, se ubica el fundo ganadero “La Convención”, dedicado al engorde y mejoramiento genético de ganados de las razas Brahman y Brown Swiss para carne. Durante casi 40 años, su propietario Ilmer Zevallos se ha dedicado a la purificación de las razas mediante la inseminación artificial.
De regreso a Codo del Pozuzo, llevamos con nosotros el mayor consejo para el éxito: el orden, el trabajo y la inversión. Dejamos atrás grandes hombres ejemplos de lucha, sacrificio y constancia. Llegamos al “Restaurant Café Deleites”, donde degustamos de un buffete a cargo de la Asociación de Restaurantes y Hospedajes, dirigido por madres emprendedoras en el arte culinario. Degustamos la sopa de pelotas elaborado a base de arroz, maíz y huevos cuya mezcla se sirve en forma de bolas acompañado de un buen caldo de gallina, paco a la plancha y el strudel con leche, un postre delicioso.
La travesía continúa. En el camino se aprecian especies arbóreas como el cedro amargo, sihuahuaco, la higuerilla, lupuna y más especies de la selva amazónica. Ahora nos tocaba visitar la catarata La Huanca, ubicada en el caserío del mismo nombre a 14 km aproximadamente. Sus aguas descienden al río Pozuzo que es un afluente del Pachitea.
Al regresar, el taller cultural Tanz Gruppe de Codo del Pozuzo presentó una serie de bailes que forman parte de la tradición del distrito.
Continuará en la siguiente edición.