El Puerto de Chancay, una de las obras más esperadas en el sector logístico del país, comenzó sus operaciones tras seis meses de pruebas. Sin embargo, su inauguración formal llega acompañada de serias advertencias por parte de gremios empresariales y técnicos en planificación urbana: la ausencia de mejoras viales y de un plan urbano articulado podría generar un cuello de botella logístico de proporciones críticas.
Según la Cámara de Comercio de Lima (CCL), el nuevo terminal podría atraer hasta 2,700 camiones de carga pesada por día. Esta proyección encendió las alertas sobre un posible colapso de la infraestructura existente, ya que el acceso al puerto no cuenta con rutas modernas ni seguras que absorban ese flujo.
Falta de articulación con el entorno urbano
Más allá de la conexión vial, tampoco se ha presentado un plan de integración urbana en la zona de influencia del puerto. Expertos consultados sostienen que este vacío de planificación puede agravar la informalidad, la congestión vehicular y los niveles de inseguridad, al no haber criterios claros sobre expansión urbana, transporte público ni zonificación.
En paralelo, la Contraloría General de la República ya había advertido deficiencias en obras complementarias vinculadas al puerto, lo que eleva aún más la preocupación sobre su sostenibilidad operativa.
Un reto logístico sin respaldo multisectorial
Mientras se celebran los beneficios potenciales de este megaproyecto —que busca posicionar a Perú como un nodo clave en el comercio con Asia—, persiste la inquietud sobre la falta de coordinación entre el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, gobiernos locales y entidades de planificación territorial.
Pese al avance portuario, diversos sectores coinciden en que, sin una estrategia integral, el Puerto de Chancay podría convertirse en una fuente de caos urbano más que en una solución para la competitividad del país.




