After 2 Nights Of Anti Immigrant Riots Northern Irish Town Is On Edge
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Pueblo norirlandés en tensión tras dos noches de disturbios antiinmigrantes

La escalada de violencia en Ballymena y otras zonas de Irlanda del Norte ha provocado una profunda conmoción, dejando tras de sí hogares y negocios atacados, y un saldo de 32 agentes de policía heridos. Este estallido de disturbios reaviva las tensiones comunitarias y plantea serias interrogantes sobre el auge del extremismo y la xenofobia en la región, en un contexto social ya marcado por la incertidumbre política tras el Brexit y las dificultades económicas crecientes. La situación se complica aún más por la influencia de grupos extremistas que difunden discursos de odio a través de las redes sociales, exacerbando el miedo y la polarización en una sociedad históricamente dividida.

Según el reportaje de The New York Times, las agresiones a viviendas, comercios y vehículos, que la policía ha calificado como “actos impulsados por el odio y el imperio de la turba”, se han intensificado durante las últimas dos noches.

Los disturbios se desencadenaron tras la imputación de dos jóvenes de 14 años por un presunto intento de violación oral a una joven en Clonavon Terrace. La noticia del incidente, amplificada por grupos de extrema derecha y líderes de opinión en redes sociales, desató una ola de indignación y violencia. En respuesta a los altercados, las autoridades locales tomaron la difícil decisión de trasladar a las familias que se encontraban refugiadas en un centro de ocio de Larne, el cual fue atacado por encapuchados, garantizando así su seguridad.

La Policía de Irlanda del Norte ha informado que sus agentes fueron objeto de un “ataque sostenido” con cócteles Molotov, ladrillos y fuegos artificiales, resultando 17 de ellos heridos. La violencia ha alcanzado niveles alarmantes, con el incendio intencionado de viviendas y la evacuación de una mujer embarazada. La situación se vio agravada por la difusión de imágenes en directo en redes sociales, donde los manifestantes eran dirigidos sobre cómo sortear los controles policiales, según denunció Sian Mulholland, política local.

Las calles de Ballymena, particularmente Clonavon Terrace, presentaban un panorama desolador, con ventanas tapiadas y rastros de incendios. Los residentes, temerosos por su seguridad, colocaron carteles y banderas identificando su nacionalidad. Este acto desesperado refleja la creciente sensación de vulnerabilidad y el aumento de la división comunitaria. La primera ministra de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill, ha condenado enérgicamente los ataques, calificándolos de “racistas y sectarios” e instando a su cese inmediato.

La respuesta policial incluyó el uso de cañones de agua y balas de plástico para dispersar a las multitudes. Los disturbios se extendieron a otras localidades, como Belfast y Carrickfergus. Mientras tanto, la familia de la víctima del presunto ataque sexual ha emitido un comunicado desaprobando la violencia y pidiendo que “la justicia se imparta de la manera correcta”. El Primer Ministro británico, Keir Starmer, también condenó la violencia en el Parlamento, subrayando la importancia de permitir que la policía investigue los hechos y restablezca el orden.

Un informe reciente del Comité para la Administración de Justicia, un grupo independiente de derechos humanos, señala la existencia de un “patrón inquietante de actividad racista y antiinmigrante impulsada localmente” en Irlanda del Norte. Dessie Donnelly, autor del informe, destaca cómo extremistas internacionales amplifican “narrativas fabricadas” en redes sociales, exacerbando las tensiones y fomentando la desconfianza hacia las comunidades inmigrantes. Si bien las estadísticas muestran que la mayoría de los delitos sexuales son cometidos por hombres blancos del país, la narrativa extremista que presenta a los inmigrantes como una amenaza está ganando terreno, especialmente en un contexto de escasez de vivienda y crisis económica.