PTAR perdida

Huánuco amaneció nuevamente con una herida abierta. La confirmación de que la PTAR no se ejecutará cayó como un golpe seco, directo al orgullo y a la esperanza de una ciudad que lleva décadas esperando servicios de saneamiento dignos. Y lo más doloroso es que esta vez nadie puede fingir sorpresa: lo ocurrido es la consecuencia directa de años de desidia, improvisación y una cadena de gestiones que jamás estuvieron a la altura de lo que la región necesita.


Hoy se señala al Ministerio de Vivienda por no emitir un informe técnico durante más de dos años. Y es verdad: esa demora es inaceptable, preocupante y absolutamente perjudicial para Huánuco. Pero tampoco corresponde repetir ciegamente la versión del alcalde como si fuese el único narrador de esta historia. Porque él mismo ha reconocido que la Municipalidad insistió en un terreno cuya viabilidad jamás estuvo garantizada. Si la obra era tan estratégica, ¿por qué no se actuó con mayor firmeza, previsión y alternativas? ¿Por qué se dejó que la ciudad dependiera de un solo informe, de un solo terreno, de una sola posibilidad?


Y aquí aparece un tercer actor que no puede seguir silenciándose: el Gobierno Regional. El propio alcalde lo ha señalado en sus reclamos, mencionando que tampoco hubo acompañamiento, tampoco hubo claridad y tampoco hubo un compromiso operativo para defender un proyecto que debía involucrar a todos los niveles de gobierno. Huánuco quedó sin aliados, sin presión política, sin un frente institucional unido y, en consecuencia, sin PTAR.


Lo más indignante es que esta ciudad se ha acostumbrado a escuchar excusas mientras el Huallaga recibe cada día miles de litros de aguas residuales. Se ha acostumbrado a que las redes de agua y desagüe prometidas para Amarilis, Pillco Marca o Santa María del Valle dependan de una infraestructura que nunca llega. Y se ha acostumbrado, quizás sin quererlo, a ver cómo la incapacidad administrativa se disfraza de victimización.


Pero no. Huánuco no merece resignarse.
Es legítimo sentir rabia. Es legítimo sentir decepción. Es legítimo que la gente se pregunte cómo es posible que desde 2019 existiera un financiamiento de cooperación internacional listo para ejecutarse… y que hoy no quede nada. Nada. Ni planta, ni fondos, ni cronograma, ni horizonte claro.


Sólo explicaciones a medias y autoridades señalando con el dedo para evitar mirarse en el espejo.
En la sesión descentralizada del Consejo de Ministros, el alcalde afirmó que nadie quiso hablar con él del tema. Pero también es cierto que un liderazgo sólido no espera una invitación: exige, documenta, reclama ante cámaras, convoca, presiona, construye respaldo técnico y político. Y eso tampoco ocurrió con la contundencia que Huánuco necesitaba.