En una reciente visita a Huánuco, el Ministro de Transportes, Raúl Reyes, dejó tras de sí una estela de promesas y una creciente ola de frustración. Lo que debía ser un encuentro para abordar las urgentes necesidades de infraestructura vial de la región, se convirtió en un ejercicio de retórica política sin sustancia.
El ministro llegó con las manos vacías y los bolsillos llenos de promesas. Habló de inversiones millonarias, de más de 7000 millones de soles destinados a obras viales que transformarían la región. Sus palabras, aunque grandilocuentes, carecían del peso de la documentación oficial. Ni un solo papel, ni un convenio, ni siquiera un borrador de proyecto respaldaba sus afirmaciones.
Las autoridades locales, desde el gobernador hasta los alcaldes distritales, acudieron con la esperanza de encontrar soluciones concretas a problemas largamente postergados. Salieron, sin embargo, con un amargo sabor de boca, sintiendo que una vez más Huánuco era tratada como una región de segunda categoría, merecedora solo de promesas vacías y no de acciones concretas.
La realidad de Huánuco clama por atención inmediata. La Carretera Central, arteria vital para el desarrollo de la región, languidece en un estado de deterioro constante. Proyectos iniciados yacen abandonados, víctimas de la falta de presupuesto y de la desidia burocrática. Mientras tanto, el ministro habla de iniciar obras en agosto, sin explicar cómo se llevará a cabo este milagro administrativo sin expedientes técnicos ni licitaciones en marcha.
Esta visita ministerial, lejos de calmar los ánimos, ha encendido la mecha de la indignación. Los líderes locales, cansados de ser tratados como meros espectadores del desarrollo de su propia tierra, ya hablan de movilizaciones y paralizaciones. El plazo de 30 días que se han dado para ver acciones concretas suena más a ultimátum que a esperanza.
Es hora de que el gobierno central entienda que Huánuco, y el Perú profundo en general, necesitan más acciones, que palabras bonitas y promesas al viento. Se requieren acciones concretas, presupuestos reales y, sobre todo, respeto por la inteligencia y la dignidad de los ciudadanos de las regiones.
La solución no es compleja, pero requiere voluntad política y compromiso real. La visita del Ministro Reyes a Huánuco debería marcar un antes y un después en la relación entre el gobierno central y las regiones.




