La política peruana se sacude con la renuncia de Hernando de Soto al partido Progresemos, una decisión que pone fin a su precandidatura presidencial con miras a las elecciones generales de 2026. Este movimiento, que ha generado diversas reacciones, se produce tras discrepancias no especificadas con el líder de la agrupación, Paul Jaimes. De Soto, reconocido economista con una trayectoria marcada por la defensa de la formalización y los derechos de propiedad, anunció su salida a través de redes sociales, reafirmando su compromiso de “luchar contra el crimen organizado y construir un futuro justo” para el país. Su participación en contiendas electorales anteriores, incluyendo su postulación a la presidencia en 2021, lo habían posicionado como una figura relevante en el espectro político nacional.
Según la investigación publicada por Gestión, la renuncia de Hernando de Soto a Progresemos ha desatado una serie de comunicados y declaraciones cruzadas entre el economista y la agrupación política.
Progresemos, por su parte, respondió con un comunicado firmado por Jaimes, donde minimiza la salida de De Soto, calificándola como un hecho “parte de la vida democrática”. El partido enfatizó su respeto por la “libertad de conciencia”, pero también exigió “coherencia” a sus miembros. Adicionalmente, negaron cualquier intento de retención o traición dentro de la organización, rechazando así insinuaciones sobre posibles presiones o desacuerdos internos que pudieron haber motivado la renuncia del ex precandidato presidencial.
La agrupación fue enfática en señalar que Progresemos no se concibió como un “proyecto personalista” ni como un “vehículo al servicio de intereses individuales”. El comunicado critica veladamente a De Soto, sugiriendo que antepuso sus “ambiciones personales al bienestar del país”. Esta declaración deja entrever que las diferencias entre el economista y la dirigencia del partido podrían estar relacionadas con la visión y el rumbo de la organización política, así como con la estrategia para afrontar los futuros comicios.
El partido Progresemos hizo hincapié en su postura respecto a las alianzas políticas, afirmando que solo están abiertos a aquellas que fortalezcan sus convicciones y no a las que busquen “silenciarlos o instrumentalizarlos”. La agrupación defiende las alianzas como “puentes hacia el cambio real”, rechazando cualquier forma de “sumisión” o cálculo político que comprometa sus principios fundacionales. Este mensaje puede interpretarse como una crítica a posibles acercamientos o negociaciones que De Soto habría intentado realizar sin el consenso de la dirigencia del partido.
Finalmente, Progresemos concluye su comunicado deseándole suerte a De Soto en sus futuros proyectos, pero advirtiendo que “la honestidad, la coherencia y el verdadero liderazgo no se declaran; se evidencian en cada acto”. La agrupación también recalca que “la mentira, la arrogancia y el oportunismo jamás serán parte de nuestro proyecto político”, marcando así una clara distancia con el economista y su forma de hacer política. Este incidente ocurre en un contexto de reconfiguración del panorama político peruano, donde las alianzas y estrategias juegan un papel crucial de cara a las elecciones generales del 2026, donde la fragmentación del electorado es un factor determinante.




