Por Arlindo Luciano Guillermo
Eldocente es la pieza clave y estratégica de los aprendizajes de los estudiantes. La educación no puede seguir sesgada hacia el obsesivo elogio de la memoria repetitiva de conocimientos que, finalmente, después de más de una década de estancia escolar en la institución educativa, no tengan utilidad para la vida diaria, para disfrutar de felicidad terrenal, tranquilidad de conciencia ni madurez de la inteligencia emocional. El trabajo pedagógico y didáctico del docente no termina en 45 o 90 minutos de clases; su labor trasciende el aula y la comunidad.
El epígrafe del documental Profes. La nueva educación (España, 2015) dice: “Un buen maestro puede cambiar para siempre la vida de un niño, una escuela puede cambiar la vida de una comunidad, la educación puede cambiar un país.” Queda claro que la educación tiene poderosa influencia en la vida de los ciudadanos y de los pueblos. Sin embargo, hay un escollo diario que se debe superar: el predominio pernicioso de la enseñanza puramente cognitiva y el ingreso prematuro o inmediato a la universidad. Por otro lado, precisamente, Pablo Freire, en Pedagogía del oprimido (1968), advierte que solo depositar conocimientos en la memoria (o en la cabeza) del estudiante es perjudicial para la creatividad, la libertad, el pensamiento crítico y el contacto con la realidad sociocultural. Dice: “La narración, cuyo sujeto es el educador, conduce a los educandos a la memorización mecánica del contenido narrado. Más aún, la narración los transforma en “vasijas” y en recipientes que deben ser “llenados” por el educador. Cuando más vaya llenando los recipientes con sus “depósitos”, tanto mejor educador será. Cuanto más se dejen “llenar” dócilmente, tanto mejor educandos serán.” Este binomio educador-educando es típico en la práctica diaria en la escuela. El profesor enseña como un sabio y sabelotodo, mientras que el estudiante escucha, mira, trata de comprender la lección y recibe pasivamente, a veces sin refutar, la información.
Profes plantea que la mejor educación es aquella que sirve para toda la vida, cuyos aprendizajes han sido construidos, elaborados, protagonizados y dirigidos racional y significativamente por los propios estudiantes, con el acompañamiento, supervisión, conducción del docente facilitador. La finalidad central del trabajo educativo es el logro de los aprendizajes, la formación integral y el fortalecimiento de competencias y habilidades comunicativas y sociales de los estudiantes. Los conocimientos adquiridos tienen que convertirse en herramientas para la acción cotidiana donde se resuelven problemas inmediatos con rapidez y certeza. Un docente, que ejerce la profesión con responsabilidad, pasión, compromiso y vocación de servicio, no ve dónde enseña, con qué enseña ni a quién enseña; lo hace, en todo contexto y en las condiciones dadas, para motivar la curiosidad, el interés por el estudio y la lectura, descubre y estimula el talento y la creatividad, deja huellas indelebles (positivas se entiende) en el corazón (gratitud), en las actitudes (correcto ciudadano) y en la memoria (utilidad del aprendizaje).
El docente rural, aquel que enseña en instituciones educativas alejadas de las urbes y ciudades, son más admirables, merecen más nuestro respeto y admiración; trabajan con limitaciones, con intenso frío o calor abrasador, pero la pasión y el compromiso se mantienen de pie, enhiestos, perpendiculares, cuando ve que los estudiantes aprenden con entusiasmo, leen, escriben, entienden lo que leen, opinan, agradecen, resuelven problemas, cantan, actúan, bailan y regresan felices a su casa. En el documental se muestran a docentes de Inglaterra, Guinea Ecuatorial y España, donde las realidades socioculturales son diametralmente diferentes, pero, desde el punto de vista educativo,
involucrados directamente en la gestión de los aprendizajes de calidad, que respeta el ritmo de los estudiantes, la interculturalidad y el compromiso ético y profesional. Estos docentes hacen pasantía e intercambio de experiencias de enseñanza y aprendizaje, gestión educativa y tutoría. El “docente fortaleza”, aquel que ha logrado mejores resultados, transfiere la experiencia exitosa al docente visitante, mientras que el “director líder”, con actitud democrática y ecuanimidad, monitora la gestión de los directivos y los docentes; refuerza los aciertos y logros, corrige las debilidades y falencias, genera oportunidades de interaprendizaje entre estudiantes y docentes. Se llega a la conclusión de que los docentes no son los protagonistas del aprendizaje, sino los estudiantes, quienes hacen, usan su talento y creatividad, experimentan, manipulan, trabajan en equipo. Se comprende que la tutoría es oportuna, disuasiva y preventiva. ¿Qué se gana cuando se expulsa a un estudiante del colegio por “mal comportamiento”?
El docente va más allá de la enseñanza de ciencia, tecnología y humanidades; contribuye poderosamente con las actitudes, la inteligencia emocional, las preferencias, los sueños, oportunidades y responsabilidades de los estudiantes. El docente es un “ejemplo y espejo” en el aula y en la comunidad. Los testimonios permiten conocer que la buena educación depende principalmente del desempeño pedagógico del docente en el aula. Debe quedar claro, en el chip de los estudiantes, que toda su vida va a “aprender a aprender” y “aprender a pensar”. Los docentes hacen que el aula sea un escenario atractivo y festivo, que el aprendizaje sea una experiencia vital y duradera.



