Problemas emergentes en la relación incertidumbre y contabilidad

Problemas emergentes en la relación incertidumbre y contabilidad

César Augusto Kanashiro Castañeda

Al abordar el concepto de valor y el proceso de valoración desde una perspectiva contable, se encuentran diversas posiciones, aunque con un mismo punto de convergencia.

Requena (1977, p. 195) indica, de forma expresa, que “la valoración económica resulta eminentemente subjetiva como consecuencia del conjunto de factores que, condicionando al precio de los bienes, hacen que este no sea de carácter unívoco, es decir, una propiedad intrínseca de los mismos, sino el resultado de diversas circunstancias de espacio y tiempo, propiedades físicas y técnicas, gustos, etc. que los define”.

Torres (2002, p. 1001) entiende que el valor “no es un cristal, transparente e invariable; es la piel de un pensamiento vivo y puede variar enormemente su color y contenido de acuerdo a las circunstancias y al tiempo en que es usado”.

Hernando, Rodríguez y Carmelitano (1999, p. 363) consideran la valoración como “un proceso abstracto por el cual se miden las características de un bien y del entorno en el que se sitúa en un momento determinado, y se expresa en unidades monetarias”. Puede entenderse en este carácter abstracto cierta subjetividad.

Cañibano (1979, p. 109) considera que la participación de un sujeto implica una subjetividad que no puede eliminarse a través de un conjunto de reglas, por dos motivos: el ascenso de los precios y la diversidad de objetivos informativos por los que se requiere la valoración que implican aplicar diferentes bases valorativas.

Para Becker (1985, p. 193), el hecho de que un bien pueda tener distintos valores supone la inexactitud de la valoración; no obstante, dicha valoración debe realizarse conforme a la realidad, determinando el criterio a seguir de un modo objetivo conforme a las cualidades del elemento. De aquí que deba prevalecer el principio de prudencia y tenga que valorarse por el precio de adquisición o valor de mercado cuando este último sea inferior.

Sanjurjo (1999, p. 22), quien considera que la subjetividad inherente a la valoración puede y debe ser reducida a través de un análisis exhaustivo de los datos que se tienen de partida, requerir la opinión de expertos para contrastar las hipótesis de futuro y aplicar varios métodos de valoración […] (Pérez-López, 2005, p.185-186).

Y finalmente, Vicente Montesinos-Julve (1978) expone que la valoración es un tipo especial de medición, encaminada a expresar numéricamente la postura subjetiva de los individuos frente a determinados cursos de acción.

Se evidencia entonces, una postura unificada frente a la presencia de subjetividad en el proceso de valoración o en la percepción sobre el concepto de valor que se maneja en el ámbito contable. Es natural, por lo tanto, establecer que la contabilidad como disciplina de conocimiento de naturaleza social, aborde el concepto de valor como una relación social que permite establecer jerarquías a partir de la subjetividad.

El tratamiento de la información a partir de la teoría de los subconjuntos borrosos se hace viable a partir de la identificación de las características de los datos tratados. Si los datos se manifiestan de forma imprecisa, incierta no probabilizable o a través de estimaciones dadas por expertos, se hace de gran utilidad emplear la metodología Fuzzy para su tratamiento. Bajo ninguna perspectiva va a ser posible reducir la incertidumbre o la subjetividad presente, pero si va a poder ser contemplada dentro del tratamiento de los datos. A través de un caso aplicado, se presenta la manera como la lógica difusa permite dicho tratamiento.

Se parte del proceso de borrosificación, definido como la metodología empleada para la conversión de la variable cuyas características son de inexactitud, vagues, incertidumbre o subjetividad, en un dato representado por un subconjunto borroso. Por lo general, dicho proceso se realiza mediante la conversión de los valores reales dados para la variable, como aproximaciones borrosas reales de dicho número. Tal método de borrosificación, entre otros existentes, se conoce con el nombre de singleton (Martín del Brio & Sanz, 2002).

El proceso de estimación de valores localizados en el futuro conlleva de manera inevitable abordar y tratar la incertidumbre propia de los fenómenos económicos y financieros en prospectiva. Dicha situación, pone de manifiesto la existencia de diversas tipologías sobre la incertidumbre; se plantea un tipo de incertidumbre aleatoria, bajo la cual son conocidos los posibles eventos resultados de un acontecimiento, es decir, se puede establecer una función de probabilidad que modele el escenario futuro.

El concepto de valor de uso de un activo o unidad generadora de efectivo, que permite en variadas ocasiones establecer el deterioro de valor que en juego magnitudes confinadas en el futuro y por ende cargadas de incertidumbre. En particular, los flujos de efectivo esperados son una variable que se encuentra inmersa en un contexto incierto o subjetivo. Ante tal situación, la NIC 36 establece algunas situaciones y las posibles técnicas que permiten abordar tales contextos. Sin embargo, la manera como se aborda la incertidumbre epistémica que no permite siempre establecer estimaciones que reflejen de manera representativa la información tratada.