Presidente de la cofradía “Justo y Juez” teme que etapa “híbrida” distorsione patrimonio cultural

La danza de Los Negritos de Huánuco atraviesa un proceso de cambio visible: ya no se presenta como una sola forma “uniforme”, sino como un conjunto de estilos que varían según cada cofradía. Así lo sostuvo Wilfredo Sotil Portabarrios, presidente de la Cofradía de Negritos de Huánuco “Justo y Juez”, quien señaló que hace dos o tres décadas las cuadrillas se parecían mucho entre sí, mientras que hoy se observa una diversificación marcada en coreografía, estética y ejecución. En su mirada, esta transformación no es necesariamente una pérdida, sino una señal de vitalidad cultural, porque “cada cofradía tiene un estilo propio” y eso genera interés.

Sotil considera que el cambio es, en términos generales, positivo, especialmente por la “plasticidad” que ha adquirido el folklore y por el crecimiento del público que asiste a ver las presentaciones. Como ejemplo, mencionó que actualmente hay personas que llegan a la Plaza de Armas desde la mañana y permanecen hasta la noche observando el paso de las cuadrillas, una escena que —según dijo— refleja que el espectáculo cultural mantiene vigencia y convocatoria.

Sin embargo, el dirigente también admitió que parte de estas variaciones responden a una lógica de agrado al público: cuando una cofradía cae en monotonía, el espectador se cansa y deja de mirar. En ese intento por “no aburrir”, señaló que existen casos donde algunos grupos exageran en movimientos o recursos escénicos. Aun así, insistió en que la evolución es un hecho y que, en el balance, el crecimiento en participación muestra una danza que sigue viva, en plena transición y con mayor exposición.

Influencias externas y el límite de la innovación
El punto más llamativo de sus declaraciones fue el concepto de hibridez: Sotil afirmó que hoy se puede hablar de una danza híbrida porque algunas cofradías han incorporado pisadas y gestos provenientes de otras danzas, como la diablada, a través de adaptaciones específicas en el zapateo. Para él, esta mezcla no significa que “se esté haciendo mal”, sino que se está innovando; aunque reconoció que, inevitablemente, la hibridez genera discrepancias dentro del mundo cultural, porque no todos comparten la misma idea sobre qué debe mantenerse intacto y qué puede transformarse.

En esa misma línea, comentó que la danza se está extendiendo a zonas que tienen otras tradiciones propias, como el Valle del Marañón, y que también ha observado variaciones en lugares como Huallanca o Jesús, donde ciertos grupos ya bailan con cotones vinculados a Los Negritos. En su interpretación, la razón de este fenómeno está relacionada con la movilidad y residencia: población que llega a Huánuco desde otras regiones trae su propia costumbre, y al convivir, combina pasos, vestuario y formas de fiesta.

Alertas por “anomalías”
Más allá de la innovación, Sotil planteó advertencias sobre prácticas que considera desviaciones. En el caso del vestuario, recordó que, según lineamientos vinculados al patrimonio cultural inmaterial, el caporal debe portar nueve plumajes en el sombrero y los pampas seis, pero afirmó que aún existen cofradías que exceden esa cantidad. También criticó que algunos cotones se recarguen tanto de adornos que el color base deja de apreciarse, situación que —según indicó— ya se discutió en reuniones de trabajo con la municipalidad y debería corregirse.

Otro foco de controversia se concentra en los estampados: el presidente de cofradía cuestionó el uso de imágenes como equipos de fútbol o figuras ajenas a la tradición, señalando que esa simbología no corresponde al carácter religioso y cultural de la festividad. En el mismo tono, marcó distancia con prácticas que, a su juicio, degradan personajes tradicionales. Mencionó el caso del corochano, subrayando que no es un payaso sino un personaje de respeto; sin embargo, aseguró que algunas cofradías lo tratan como figura cómica, lo que genera tensiones internas.

En paralelo, Sotil introdujo un tema que puede reabrir discusiones históricas: dijo estar por publicar un libro titulado “Danzando Tras la Máscara”, pero recibió información de que en 1812 habría surgido una cofradía en Quicacán. Si se confirma con evidencias, ello alteraría hipótesis tradicionales sobre el origen de Los Negritos en Huánuco, trasladando el foco histórico hacia Quicacán. No obstante, el propio dirigente pidió prudencia y sostuvo que sin verificación documental, la versión quedaría como comentario. En síntesis, la danza —según su lectura— evoluciona y se expande, pero el desafío será equilibrar innovación con respeto a normas, símbolos y memoria cultural.