Es una realidad innegable que los templos católicos de la ciudad de Huánuco se encuentran en un estado de abandono. Al observarlos, notamos que muchos de ellos presentan paredes resquebrajadas, techos deteriorados e incluso algunas de sus torres se encuentran en peligro de derrumbe. Un claro ejemplo de esta situación es la iglesia de La Merced, que lleva más de 20 años apuntalada por palos sin una solución a la vista. Asimismo, la iglesia de San Cristóbal sufrió un colapso hace 20 años y aún no se ha logrado finalizar su reconstrucción, representando un riesgo para los feligreses.
La iglesia de San Francisco es otro caso que requiere urgentemente mantenimiento y apoyo, a pesar de que un grupo de feligreses y vecinos colabora en silencio para mantener su función espiritual en beneficio de la comunidad huanuqueña. Si seguimos enumerando, veremos que la mayoría de las iglesias de la ciudad se encuentran en un estado lamentable. Muchas de ellas tienen más de 100 años y han sido declaradas patrimonio cultural, pero lamentablemente el título carece de valor si la Dirección Desconcentrada de Cultura no toma medidas al respecto.
Afortunadamente, el rector de la catedral, Raymundo Reyes Méndez, ha alzado su voz valientemente para solicitar a las autoridades y clamar a viva voz que se busquen recursos y apoyo para el mantenimiento, la restauración y la preservación de estos templos. Esto es de vital importancia, ya que muchos de ellos son visitados por turistas, tanto extranjeros como nacionales. Además, son un elemento fundamental en la identidad religiosa y cultural de la ciudad.
Es importante reconocer que las iglesias también generan ingresos a través de los locales que alquilan. Sería conveniente destinar una parte de estos recursos para su mantenimiento y pintura. Es hora de que tomemos acción y realicemos actividades que recauden fondos para la reparación y mejora de todas las iglesias. Debemos comprender la importancia de mantenerlas en buen estado, no solo por el valor histórico y cultural que representan, sino también para preservar la fe católica y el amor hacia Jesús en nuestra comunidad.
Estas edificaciones representan una parte integral de nuestro patrimonio y cultura, y también juegan un papel significativo en el desarrollo turístico de la región. Es hora de actuar y mostrar nuestro compromiso en mantener viva nuestra fe y conservar estos tesoros arquitectónicos para las generaciones futuras.




