Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo
Los jueves espero con interés, expectativa y ansias las clases en el colegio donde enseño a adolescentes porque la tutora muestra en la pantalla un pasaje del evangelio. Se lee pausadamente. Así empieza la jornada pedagógica: analizamos someramente las lecciones que quiere transmitir Jesús, el valor ético que proporciona para mejorar la calidad de vida espiritual y actitudinal. La palabra de Cristo no llena la barriga ni engorda la billetera, pero sí fortalece la fe e ilumina la esperanza para actuar (mientras estemos vivos) correctamente, no con perfección. (“El que esté libre de culpa lance la primera piedra”). En ese ambiente, creo, el aprendizaje se torna optimista y con el deseo de escuchar, participar, contribuir y respetar. Cristo es un referente para el profesor: enseñar con lenguaje sencillo, símiles, con actitud coherente, paciencia y sabiduría proverbial. No es lo mismo dictar clases que enseñar; muchos dictan, poco enseñan.
El magisterio de Cristo es vigente, vital, necesario, en una sociedad pragmática, farisea, consumista y altamente egoísta, más aún. Leer los evangelios es ingresar a la ideología, doctrina y pensamiento del cristianismo, al precepto, la parábola aleccionadora (como las fábulas de Esopo), la aplicación y la trascendencia. Mi profesor de religión afortunadamente en el colegio público donde estudié fue Ivo Libralato Gardin, un sacerdote morfortiano de la parroquia Virgen de Fátima de Paucarbamba. Se reunía amigablemente en el Café Ortiz con intelectuales progresistas, democristianos, de izquierda y con algunos seguidores de Gustavo Gutiérrez y la Teología de la Liberación (la iglesia católica al servicio de los pobres y excluidos) Él me decía, en el recreo o después de la misa de los domingos, que la única manera de ser buenos cristianos es cumplir las enseñanzas de 4 parábolas: El buen samaritano, El hijo pródigo, Las bienaventuranzas y el Buen pastor. En otras palabras, consideraba certero recomendar, a ese adolescente de entonces, la práctica del altruismo, el perdón, la coherencia y el compromiso. No creo haber sido leal a dichas recomendaciones, pero trato, esforzadamente, como una lucha interna conmigo mismo, ser un ciudadano responsable, hacer bien lo que tengo que hacer, en la medida que pueda, en tanto me declaro imperfecto. Hice un himno los versos de Alberto Plaza: “Yo no puedo ser perfecto / tengo miles de defectos / tengo lágrimas / tengo corazón. / Si me pides que mejore / mis fracasos, mis errores / dame tiempo / para ver si puedo andar”.
Muchas canciones tienen como personaje a Cristo y sus enseñanzas. “Jesús es verbo y no sustantivo” de Ricardo Arjona acusa coherencia entre la palabra y la acción; Jesús no es nombre, sino acción; discurso oral, sermón o poesía que debe convertirse en actuación y actitud. “Jesucristo” de Roberto Carlos advierte la presencia de Jesús en la vida diaria del cristiano. “¿Cómo no creer en Dios?” de Germán Wilkins Vélez, que se canta emocionadamente y con devoción en la misa, es una exhortación para fortalecer la fe y la esperanza. Las parábolas de Cristo, aparte del relato aleccionador, tiene también metáfora, respuesta contundente, precisión del objetivo, serenidad emocional y lenguaje poético. Las bienaventuranzas o el sermón de la montaña es el célebre discurso público de Cristo donde dejó constancia de un plan inmediato de vida y conversión basado en el amor a Dios y al prójimo. Son admirables las respuestas y reflexiones categóricas de Cristo: “por sus frutos os conoceréis”, “es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos”, “por qué miras la paja en el ojo ajeno cuando en el tuyo tienes una viga”, “de qué le sirve al hombre ganar el mundo cuando no puede salvar su alma”, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Política sin ética es inmoral, perversión de la decencia y la integridad, conduce al ciudadano por la senda peligrosa de la corrupción, la soberbia, el autoritarismo, el embrutecimiento; cristiano sin Cristo es un farsante, un lobo vestido de cordero, un felón de la palabra y los principios. A veces Cristo es un ícono estampado en el estandarte nada más. Bien dice el refrán: “La cruz en el pecho y el diablo en los hechos”. La coherencia es una actitud muy difícil de cumplir, practicar y sostener a lo largo de los años, en las circunstancias donde actuamos, vivimos y viviremos, pues todos tenemos una fecha de vencimiento en la Tierra. Un material sumamente importante para fomentar la lectura, el análisis e interpretación de textos escritos es la parábola donde hay personajes, lección, un relato de ficción, lenguaje poético y coloquial. Veo con estupefacción a los políticos que juran y rejuran en nombre de Dios, de Cristo, con la mano derecha sobre la Biblia, piden perdón con actitud contrita, de la garganta para afuera, pero siguen actuando igual de torcidos, perversos, sin reconocer errores, victimizándose. Si solo cumpliéramos el 5% de las enseñanzas de las bienaventuranzas o del Padrenuestro estoy seguro que nuestras vidas y actitudes cambiarían notablemente. Pero a Narciso es difícil quitarle el espejo donde se admira a sí mismo, al avaro debe ser difícil quitarle el cofre repleto de monedas de oro, plata y cobre, al poderoso debe ser difícil quitarle la mamadera del poder, al soberbio debe ser difícil hacerle entender que no se mira a los demás por encima del hombro, sino con respeto, compasión y merecimiento; el perdonar es quitarse de encima una mochila cargada de piedras y plomo, zafarse de un trozo de carbón incandescente del corazón. La religión es un método orgánico para regular una vida correcta y sensata con libertad y decisión razonable.
Nadie camina por este mundo sin un ideal ni un propósito; todos sabemos que la vida es tan fugaz como una estrella encendida que transita por el cielo. Quien sea el Dios en quien creamos (Jehová, Yahvé, Alá, Shiva, Brahmá o Visnú), solo actuar correctamente es un gran logro personal. El arzobispo brasileño Élder Cámara (1909-1999) decía: “Cuando doy comida a los pobres me llaman santo; cuando pregunto por qué son pobres me llaman comunista.” El terruqueo tiene larga data.




