La ivermectina, un fármaco antiparasitario cuyo uso se disparó durante la pandemia con afirmaciones infundadas sobre su eficacia contra el COVID-19, resurge en el debate público estadounidense, especialmente entre figuras influyentes de la derecha y sus seguidores. Este resurgimiento se produce a pesar de las advertencias constantes de las autoridades sanitarias federales sobre sus limitados beneficios médicos y los riesgos potenciales asociados a su uso indebido.
Según la investigación publicada por The New York Times, Joe Grinsteiner, una personalidad online con una fuerte presencia en redes sociales, es uno de los promotores de la ivermectina. En un video reciente en Facebook, mostró un tubo de ivermectina de uso veterinario, específicamente para desparasitar caballos, ingiriendo una dosis directamente del tubo frente a la cámara.
Grinsteiner, un músico country de 54 años y abierto simpatizante de Donald Trump que reside en la zona rural de Michigan, ha generado millones de visualizaciones en Facebook con sus publicaciones relacionadas con la ivermectina. El individuo afirma que este fármaco curó su cáncer de piel y el cáncer de cuello uterino de su esposa, testimonios que carecen de respaldo científico.
En otro video, Grinsteiner relata la historia de una mujer que le informó que su hijo autista no verbal comenzó a hablar después de usar ivermectina, una aseveración que también contradice el consenso médico. En una entrevista telefónica, el propio Grinsteiner declara que toma una dosis diaria de ivermectina como parte de su rutina para mantener su bienestar general. Es crucial recalcar que ni la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ni los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan el uso de ivermectina para tratar o prevenir el autismo, el cáncer o el COVID-19.
Estas afirmaciones contrastan fuertemente con la evidencia científica disponible. La ivermectina está aprobada para tratar ciertas infecciones parasitarias en humanos y animales, pero los estudios clínicos rigurosos no han demostrado su eficacia contra el COVID-19. De hecho, las autoridades sanitarias han advertido sobre los peligros de usar ivermectina en dosis no autorizadas, especialmente formulaciones veterinarias, que pueden ser tóxicas para los humanos.
Grinsteiner sostiene que existe una conspiración por parte de las instituciones médicas y políticas para ocultar los beneficios de la ivermectina, un fármaco que considera asequible y con un gran potencial curativo. Este tipo de narrativas conspirativas, amplificadas por las redes sociales, representan un desafío para la salud pública, ya que pueden llevar a las personas a tomar decisiones basadas en información errónea y potencialmente dañina.
El caso de Grinsteiner pone de manifiesto la creciente desconfianza en las instituciones y la ciencia, un fenómeno que se ha intensificado en los últimos años. La propagación de información falsa en línea, combinada con la polarización política, ha creado un caldo de cultivo para la promoción de tratamientos no probados y potencialmente peligrosos, como el uso no autorizado de ivermectina.




