Pollito Zombie, de Alex Ginés

Por Jacobo Ramírez Mays

 

Entramos a La página 11, ese bar que ha soportado a tantos borrachos a lo largo de los años. Nos sentamos a una mesa Paul, más conocido como ‘Diablo’, quien justamente esa noche viaja a Colombia para celebrar una misa negra, y en la que estoy seguro que nos encomendará; Alex, pensando seguramente en el planeta Zoen y en la visita de sus habitantes a esta tierra; y yo, un apóstata esperando que Diosito me ilumine para dar solución a mis problemas.

Una cerveza negra, nuestros vasos chocan y el hombre de la cabeza tatuada saca un libro que tenía guardado en una bolsa, pide un lapicero, escribe una dedicatoria y me lo entrega. Se trata del Pollito zombie, su reciente libro. Le agradezco la deferencia, y nuestros vasos siguen golpeándose.

Después de algunas botellas vacías, de haber ido al baño varias veces, de un poco de humo de cigarrillo, nos despedimos.

Ya en mi casa, comienzo a leer la primera página: Nacer, crecer, morir. No, no. Suena feo. Mejor nacer, crecer, soñar, dormir… dormir juntos, amanecer lado a lado, despertar siempre… Vivir sin desear hallarle respuesta a la nostalgia… siempre nos sentiremos solos, pajarito, siempre… Sí, aún estoy triste… Quédate conmigo, avecita. Quédate siempre.

El libro cuenta la historia de un ave que llega a la casa del personaje narrador en un momento en que el diálogo entre padre e hijo se había convertido en preguntas y respuestas de una a tres palabras; y, para romper esa monotonía, como enviados de un Hermano Mayor (entiéndase como un extraterrestre) llegan en una caja una pareja de avecillas, una de ellas muere a las tres semanas, solo queda el que parece ser el macho para acompañar al padre enfermo.

El ave, que camina como zombie por la casa, tiene las mismas características del personaje narrador; es tímido, retraído, solitario, triste. Prendo un cigarrillo, y termino de leer las diez primeras páginas. Reniego contra el autor porque me encuentro con una especie de historieta o cómic.

Me quedo contemplando el primer dibujo y veo a un hombre solitario acariciando el lomo de un ave también solitaria que contemplan una ciudad que también se ve solitaria. Entonces contemplo uno a uno cada dibujo, lo que me ilustra sobre lo que acabo de leer. El personaje narrador, durmiendo en su cama solitaria; el ave, durmiendo en su Moisés. El padre y el narrador, acariciando el lomo del ave, los dos escuchándole piar, limpiando el excremento que se hacía, ya sea en el pantalón del personaje narrador o en la cama del padre. Luego veo al ave escuchando la música que gusta al padre e hijo. Entro a las cuatro últimas páginas con dibujos, estos tienen un pequeño texto que dice:  Creo que estoy triste cuando veo la luz de la mañana, cuando veo a los niños yendo a la escuela, cuando compro el pan que nos gusta y algo de tele miramos…

Me detengo, inhalo la última parte del cigarro y comienzo a leer las últimas doce páginas del texto. No sé si es porque me estoy poniendo viejo o por otras razones, pero sentí mucha nostalgia mientras mis ojos recorrían esas hojas impresas. El pajarito está enfermo. Parece que tuviera epilepsia, y el narrador personaje está ahí acariciándole la cabeza y diciéndole: «Aquí estoy, Pollito aquí estoy». Darle su alimento a la mala, aplastarle el vientre para que haga sus necesidades, son actos que se convierten en rutinarios. El Pollito Zombie se quiere morir, y el hijo rezando, diciendo: Quédate conmigo, avecita. Quédate siempre. Entonces una furtiva lágrima brota de mis ojos, cierro el libro, prendo otro cigarro, tomo un sorbo de café y me imagino al Pollito Zombie saliendo de su cesta con dificultad y al narrador personaje contemplándole desde su cama; al Pollito Zombie estirando su cuellito, piando por última vez, agradeciendo por la buena vida que llevó y cerrando sus ojitos eternamente.

Entonces, mirando el cielorraso de mi sala, digo: El Pollito Zombie que vivió junto al narrador personaje y a su padre se estará quedando a vivir eternamente en el cerebro de cada uno de nosotros que hemos leído o vamos a leer el libro.

Si ustedes desean saber más detalles de esta historia, les recomiendo comprarse el libro, irse a donde más les gusta y leer en silencio de principio a fin.

Las Pampas, 06 de junio de 2019