Por: Andrés Cloud
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En sus diferentes formas, en grande, en pequeño y en todas las épocas y lenguas, la poesía es intimismo, soliloquio, ensimismamiento y una suerte de monólogo puro dirigido a sí mismo. Pero también es canto, melodía, reflexión, arrebato y testimonio expuesto a través de imágenes sensible dirigidas a sí mismo o a un escucha o lector supuesto oimaginario, en tono enunciativo y declarativo, pletórico de emociones, sentimientos y sensaciones. Siempre ha sido así, y todo ello referido a tres temas constantes, universales e inevitables en la creación literaria: la vida, el amor y la muerte en sus múltiples formas y facetas. De allí la endecha francesa cest l’ vie; cest l´ amour; cest l´mort (así es la vida; así es el amor; así es la muerte). Sin ellos no hay poesía.
Algo de todo esto y, claro, a su modo, encontramos en los cinco trabajos ganadores del “II concurso de poesía y cuento Premio diario Ahora 2016” que próximamente (viernes 10 de marzo) serán editados en la separata Ahorapoesías. Y son ellos. Primer premio: Paulo César Caffo Palacios: No iremos tras el amor (seudónimo: Joven Cuynac); Segundo premio: Álex Ginés Vega: Tríptico de los exilios, (Likantro).. Menciones honrosas: Élmer Campos Ayala: Pazuzu (Rimmon); Yeferson Edgard Carhuamaca: Humo (Yeedu); y Diófer Vásquez Aguirre: Rosas del tiempo (Poeta de tus sueños). Un rápido acercamiento a cada uno de ellos.
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No iremos tras el amor de Paulo César Caffo Palacios, consta de un manojo de seis poemas que testimonian sombríos y apesadumbrados estados de ánimo frente al amor y el discurrir del tiempo y los años, y cuya edad de oro es “el reino de la infancia”. De allí las constantes alusiones a la noche, el silencio y la sombra. “Escribo bajo la sombra del silencio / Bajo el dominio de la noche escribo. / Y mi cuerpo es simplemente la pobre extensión de la noche”. En este contexto, estacan los poemas El antiguo reino de mi infancia y El tiempo gira: “El tiempo gira y la luz / nos desnuda y nos vuelve frágil / la sombra de la memoria”.
Muy distinto en cambio la poesía confesional y desbordante de vitalidad incluida en el Tríptico de los exilios de Álex Ginés Vega, conformado por versos que enfocan el mundo citadino de la cotidianeidad con fogonazos de luz propia y muy buena poesía. Sorna, ironía, humor y cierto desparpajo son algunas de las notas características de los cinco textos que conforman la muestra, sobre todo el titulado Sin nombre II: “Yo creo que te extraño / desde que me pongo los zapatos / hasta la última vez / que me cepillo los dientes./ Desde que abro los ojos / o cuando pienso en Dios / y vuelvo a cerrarlos. /. Yo creo que te extraño / cuando miro tele a las dos de la mañana…”.
Grandilocuente, cultista y algo amanerado en el lenguaje, los cuatro poemas de la autoría de Ëlmer Campos Ayala integrados bajo el título genérico de Puzuzu (¿?), para su cabal comprensión, de hecho, requieren de la inevitable ayuda de un diccionario. Y aún así, ¿qué por ejemplo domaco o damneto, alouquia, Nibbas? Partiendo de la premisa de que la poesía es comunicación estética, la alambicada propuesta literaria y los excesos verbales del autor, tornan la lectura por momentos ininteligible y puramente verbalista: “Promesa dulce, encendido odio / inexorable fingimiento, ángel hermoso, / melancólicos designios, aires criminales; palpitación inexistente, vientre descarnado”.
Concordantes con el título genérico de Humo, la media docena de poemas de la autoría de Yeferson Eduard Carhuamaca (Humo, Qué, Caminando, Peregrino, Tiempo y Recuerdo) son de naturaleza etérea, concebidos a base de imágenes volátiles y solo sugeridas, muy propias de la poesía lírica: “El frío y el humo, / las flores amarillas, / las estrellas, / he llegado al final del sonido, / de la soledad. Dentro de esta tónica, destaca el texto Recuerdo de tono entrecortado y balbuciente: “Un pensamiento en la colina, / la niebla era nuestro reino, / ¿Te acuerdas? / El camino era la luz de nuestros ojos, / de nuestra mirada dulce. ¿Te acuerdas?”.
De connotación básicamente amatoria, los poemas incluidos en la muestra Rosas del tiempo de Diófer E. Vásquez Aguirre apuntan en dos direcciones. Al ser amado en Adicto a la belleza, Silencio de la tormenta y Silueta de tu sombra; y el entorno familiar en Lamento maternal y Madre. Unas veces en versos libres y otras en prosa poética, destacan el buen ritmo y la cadencia musical de estos últimos: “Su beldad me hace romántico, para decirle que realmente el fuego escondido de su fragancia me persigue hasta los sueños. Guardo el secreto de las palabras porque quizá salga perdiendo, ya que su ternura tiene una extraña pasión…” (Adicto a su beldad).
Ayancocha, febrero 16 del 2017



