Por: Arlindo Luciano Guillermo
Yo no soy poeta. Me he atrevido, con osadía, a escribir versos; presumo de poeta.Pepe Reyes, de una acera a otra, me gritaba: “¡Poeta!” Él, en Lima, había conocido a Eloy Jáuregui, Jorge Pimentel y Enrique Verástegui, poetas de Hora Zero. Gané algunos concursos de poesía cuando aún no llegaba a los 30 años.
A principios de la década de 1990, obtuve el primer puesto en un concurso nacional, con un conjunto de poemas de tema existencial y sentimental y de versos libres, titulado Burlémonos del tiempo que nos hizo viejos, que tomé prestado de un verso del poema “Amigos”, del libro Al encendido fuego de Eduardo Urdanivia Bertarelli, premio de poesía Copé 1986. No reclamé el premio. Soy lector militante de poesía, sé qué poeta es original, innovador, capaz de exprimirle el zumo estético y el espíritu a las palabras. Detesto, democráticamente, la mala poesía y al poetastro, aquella poesía simplona e incompetente para conmover la serenidad emocional; la poesía es fuego incandescente, brasa ardiente. Hay poetas genialesque escriben versos pétreos y gélidos, sin posibilidad de provocar reacción en el lector u oyente. Mantengo a distancia prudente al poeta petulante que cree que cuanto más hermética sea “su poesía”, mayor es el mérito estético y expresivo. Prefiero mil veces Los heraldos negros, Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz, que Trilce, que tiene poemas accesibles, brillantes y de empatía: el XVIII y el LXV. Nunca he publicado un libro de poesía. Yo “escribo poesía” para demostrar a los poetas que no solo ellos escriben poesía. La poesía está en la calle, en la vida diaria, en la familia, en la tertulia, en la alcoba conyugal, en la intimidad sexual, en un hotelillo o en una suite. Los padres decimos: “Hijo, te crecieron tus alas. Puedes volar hacia donde quieras. No olvides dónde naciste ni dónde creciste”, “Los hijos son prestados; le pertenecen a la vida”. Escribir poesía sencilla, clara y sincera es tarea difícil, complicada, trabajo terco y tolerante como la experticia de un orfebre.
El poeta es consecuencia de sus lecturas. “Dime qué poesía has leído, te diré quépoeta eres”. El lector es un juez implacable: acoge a la poesía como una madre a su hijo en el regazo o lo deja abandonado como objeto inservible. Pienso en la paciencia de Borges para elegir la palabra exacta al sentimiento y la sensibilidad; en Samuel Cárdich corrigiendo una y otra vez hasta conseguir el poema pulcro, musical y dispuesto a ser publicado y leído; en Andrés Jara transformando con desvelo y esfuerzo la nostalgia en versos sensibles, perdurables y concisos. Cuando un poema es releído y declamado, ha logrado la inmortalidad y el poeta la trascendencia en el tiempo; ambos viven merecidamente en la memoria colectiva. Escribir poesía exige talento innato y adquirido, trabajo diario y lectura permanente. El poeta que solo escribe cuando puede o en momentos de “inspiración” o “cuando “el oficio alimenticio” se lo permite está condenado a la coyuntura literaria; es un hacedor fugaz de poesía. El poeta conoce las palabras, las elige, acomoda, descarta, se muestra severo con la disonancia, la impertinencia verbal y la cacofonía. El poeta es un músico con fino oído para la sinfonía. El poeta es feliz con la poesía. Después de uno mismo, viene la familia, luego los amigos. Precisamente, en Al encendido fuego, el poema “Amigos”resume lazo afectivo irrompible y fraterno entre camaradas: “Ya estamos todos juntos, cerremos las ventanas, / hagamos una hoguera aquí en mi pecho / con todos los recuerdos y las lágrimas, / burlémonos del tiempo que nos hizo viejos / y nos hizo querernos, para luego / interponer paredes de lluvia y semanas / entre lo que fue y la vida y lo que aún será mañana”.
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De todos los libros de Neruda, estoy seguro, el que recordamos más es Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Sin este libro, más Canto general, España en el corazón, Crepusculario y Confieso que he vivido, no le hubieranotorgado el Premio Nobel de Literatura en 1971. El gran Charles Bukowski, ebrio consuetudinario, libérrimo, dice: “… siempre habrá dinero y putas y borrachos / hasta el fin de los tiempos / pero como dijo Dios / mientras cruzaba las piernas / he creado muchos poetas / pero poca / poesía”. La poesía sobrevive a los poetas en el tiempo y la preferencia de los lectores. El poeta crea; el lector descifra y deleita belleza. Poesía es palabra, búsqueda, elección, belleza, simplicidad, síntesis, mezquindad verbal; es memoria, gratitud y trascendencia. Hay poetas de centenares de libros que pocos leen; hay poetas de pocos libros que tienen legiones de lectores, son elegidos, releídos, recordados, recitados, imitados, parafraseados. El poeta es un ciudadano que tiene un plus personal: convierte a las palabras en versos que concentran la vida, la muerte y la utopía, prefieren la nostalgia como insumo para sobrevivir. Como alguna vez escribiera el “poeta maldito” que transitaba por la ciudad, que nadie lo veía ni saludaba: “Yo escribí / 150 sonetos endecasílabos / a una ramera de sonrisa impagable. / Ella ahora quiere venderlos / como reliquias de un poeta muerto. / En el sepelio dijeron / que era extraordinario y genial / pero no mejor que Rimbaud. / La poesía / no es para los asnos / ni para gente sorda. / La poesía elige sabiamente a su cómplice”. En su epitafio se lee: “La rosa no necesita maquillaje para ser bella”. La poesía es el camino a la inmortalidad.
Las canciones son poemas musicales. Escribí algunas. No sé arrancarle melodías a ningún instrumento. Ruco Vargas y Omar Majino se encargaron de la tarea creativa. Así nacieron Ausencia y Arañando tus huellas. Yo aquí escribiendo de poetas y poesía. El oficio de poeta siempre me ha sido esquivo. Soy un poeta frustrado que admira a poetas. A falta de talento para escribir poesía, me consuelo con leerla, disfrutarla, injuriarla, cuestionarla. Poesía, gratitud para ti. Me salvaste la vida. Has impedido que atraviese la línea de fuego de la inmolación. No era necesario, lo sabes. Yo era un payaso en un velorio. Hoy, con los años transitados, leo poesía para alimentar la vida, enriquecer el espíritu, entender que la existencia también puede estar hecha de palabras y belleza. “He vivido por ti / solo para ti. / Nadie vio mis lágrimas invisibles. / No he dejado relegadas / tus lecciones de vida. / Viejo y cansado / sigo a tu lado / como una rémora / sin pedirte nada a cambio”. Mientras haya poesía, un lector tiene disponible un salvavidas para no naufragar en la adversidad, el caos y el deseo de ponerle precio a las piedras del río. La selección de fútbol espera paciente el siguiente mundial en 2030, el pan con chicharrón gana un mundial de desayuno; yo, rodeado de libros, celebro la hora en que elegí la lectura y la poesía como parte de mis quehaceres diarios. “Oh, poesía, compañera mía, / tú eres mi respiración / el tercer ojo / para ver mejor / la vida y el mundo. / En este recinto apretado / en una provincia del planeta / me embriago hasta la demencia / sin perder la razón / porque tú merecescordura. / Sabes que soy un ciudadano con pecas grises en el rostro / que respeta la palabra y la belleza.”




