Por: Arlindo Luciano Guillermo
Hoy las redes sociales son el genio que ha escapado de la botella. El celular mal usado en la escuela es un distractor para el trabajo pedagógico. El celular es herramienta muy útil para enseñar y aprender; no utilizarlo es insensatez. El significado de una “palabra técnica” se encuentra en segundos en Google. Una infografía, una línea de tiempo y diapositivas se elaboran rápidamente con inteligencia artificial. El significado conciso de 20 palabras se obtiene en menos de 30 segundos en ChatGPT. Un profesor, donde yo trabajo, ha programado una clase de fotografía con celular. El celular tiene que ser empleado con fines educativos. Chatear, mensajear, hacer TikTok, jugar Mario Kart Tour y Fortnite tienen su momento. En la cola del banco o el turno de atención en EsSalud, todos -incluido yo- están con el celular, viendo videos, revisando el WhatsApp o Facebook; es imposible no hacerlo. Las RRSS y el celular nos agarran en la familia, en la calle, en el centro comercial, en la escuela, en el baño, en la alcoba nupcial; nos sorprende de perfil, de frente, nos aloca, nos atrapa en cualquier circunstancia, cae perpendicularmente sobre nuestras manos, se nos mete por los ojos, afecta el bolsillo, se pega a la oreja izquierda, el dedo índice se desplaza por la pantalla, el dedo pulgar teclea infatigablemente. Es muy grave vivir todo el tiempo con el celular.
¿Se puede vivir sin celular? ¿Qué tan dependiente de él somos? ¿Cuántas horas al día estamos adheridos como chicle? ¿Cuándo se convierte en adicción? Cuando un estudiante se duerme en clases es porque, probablemente, haya estado hasta la madrugada chateando o viendo videos. ¿Los padres controlan eso? La sociedad del siglo XXI tiene tres características: cultura de la inmediatez, consumismo compulsivo y abundancia de información. Con ellos resolvemos problemas personales, familiares, profesionales y culturales. ¿Será que el celular es causa del bajísimo índice de lectoría? Hoy se lee menos que antes. La gente camina en la calle mirando, leyendo o escribiendo en el chat, come y duerme con el celular, pelea y discute por las RR.SS. Lo primero que hace al despertar es leer los mensajes y verificar los “me gusta”. También se hacen transacciones financieras, ver el estado de cuenta del banco. Así se cumple la lógica de las RR.SS: la implicación de los algoritmos, a través del celular u otro instrumento digital, con el usuario. Lo cierto es que sin el celular muchas actividades económicas, políticas, empresariales, comerciales y profesionales no tendrían productividad ni rentabilidad. Se paga el pasaje al bajatero con Yape. Las clases virtuales se hacen con el celular. Hoy no se puede vivir sin el celular, hay ansiedad y nomofobia, irritación e intolerancia a la frustración. Vivimos secuestrados por el celular y las RR.SS, subimos imágenes al mundo digital -me incluyo- de lo que hacemos, lo felices que somos, fingiendo ser la pareja feliz, padres ejemplares, selfis sobrios y extravagantes, el rico café que bebemos, el auto nuevo que compramos; es narcisismo alucinante. Vivimos en una sociedad del espectáculo. Es inexcusable ver críticamente el documental -disponible aún en Netflix- El dilema de las redes sociales, un documental que revela cómo afectan las RR.SS la vida diaria de los ciudadanos. Una escena ilustra el grado de dependencia del celular. Una familia de cinco integrantes (dos jóvenes y una adolescente) se reúne para cenar. La madre, para promover conversación amena, pide el celular y los deposita en una urna de vidrio. Luego de unos minutos, la adolescente coge un martillo, rompe la caja y rescata su celular.
No se trata de prohibir el celular, sino regular y controlar razonablemente su uso. Apagarlo cuando vamos a dormir, trabajar, estudiar, conversar en la intimidad conyugal o una charla con la pareja y los hijos. El control de los impulsos y de las emociones es fundamental. La nomofobia es una realidad. ¿Existe una relación directa o indirecta entre el uso excesivo del celular y los aprendizajes en la escuela? La competencia 28 del Currículo Nacional dice: [El estudiante] “se desenvuelve en los entornos virtuales generados por las TIC con responsabilidad y ética”. Los aprendizajes necesitan -en estudiantes de la Generación Z, los que nacieron después de 1996- el uso de herramientas tecnológicas: celular, laptop, Internet, RR.SS, IA, etc. El celular adquiere un poder educativo efectivo. El docente tiene que regular, adecuar y optimizar el tiempo de utilización. En las II.EE existen normas institucionales. La prohibición es un extremo innecesario. Rechazar la tecnología y la IA son despropósitos. “Australia acaba de aprobar una ley que prohíbe a los niños menores de 16 años usar redes sociales como TikTok, Instagram, Facebook y X, convirtiéndose en el primer país en tomar una medida tan tajante. Es hora de que otras naciones sigan sus pasos”, escribe Andrés Oppenheimer (En: Australia da el ejemplo. El Comercio, 1-12-2024); hace solo tres meses. Esta ley, aprobada el 28 de noviembre por el parlamento australiano, tiene consecuencias: 1. las compañías de redes sociales no deben permitir que ningún menor de 16 años pueda abrir cuentas o usar sus plataformas; 2. las redes sociales infractoras serán multadas hasta con 32 millones de dólares; 3. las redes sociales “están haciendo daño social”, es mejor que los “niños australianos tengan infancia”. En Francia, la ley exige que los “niños y adolescentes tengan el consentimiento de sus padres para abrir cuentas en redes sociales”. En Florida (EE.UU), se restringe a los menores de 14 años “crear cuentas en las redes sociales sin consentimiento paterno”. Según esta ley vigente, los padres autorizan cuentas para adolescentes de 14 y 15 años; menores de 14 no podrán tener redes sociales. Para Elon Musk y Mark Zuckerberg estas leyes afectan sus gigantes intereses económicos. El ciberbullying y la distorsión de la información, precisamente, se producen en las RR.SS. En el libro La generación ansiosa. Por qué las redes sociales están causando una epidemia de enfermedades mentales entre nuestros jóvenes, Jonathan Haidt dice que hay “cuatro perjuicios fundamentales de la nueva infancia basada en el teléfono (…): privación social, falta de sueño, fragmentación de la atención y adicción”. Haidt le explica a Oppenheimer: “Si eres una adolescente insegura y tus fotos no reciben ningún “me gusta” en Instagram, mientras que tus compañeras de clase reciben muchos “me gusta”, es inevitable que te sientas mal. Y si tus compañeras de clase se burlan de ti es aún peor”. Es sumamente importante proteger la salud mental y la inteligencia emocional de niños y adolescentes. ¿Podrá un estudiante nomofóbico y ansioso crónico aprender eficientemente en la escuela? A mediano plazo, la dependencia al celular cobrará alta factura con daños irreversibles y secuelas. Australia es un referente mundial. El Congreso de la República puede regular legalmente el uso de celulares en la escuela y el acceso a las RR.SS de menores de edad. Según Indecopi, los colegios privados establecen normas claras y régimen disciplinario para el uso o prohibición del celular. Es necesaria la lectura de la RVM N°. 234-2021-Minedu.




