La ciudad de Huánuco enfrenta una problemática que, aunque recurrente, sigue siendo ignorada por las autoridades. La invasión de mosquitos, o simúlidos, afecta a toda la población, especialmente en aquellas zonas con vegetación. Estos insectos, cuya presencia es más notoria durante los meses de septiembre, octubre y noviembre, no solo generan molestias con sus dolorosas picaduras, sino que también evidencian una alarmante falta de gestión pública en el control de plagas y la limpieza de espacios públicos.
En las calles, parques y hogares de Huánuco, miles de estos mosquitos interfieren en la vida cotidiana de los ciudadanos, ya sea durante el trabajo, el paseo o el simple hecho de estar en casa. A pesar de ser un problema de salud pública, las autoridades, tanto municipales como regionales, no han mostrado la voluntad ni la capacidad para dar una solución efectiva. La raíz de este problema es clara: la acumulación de desechos y la falta de limpieza de las riberas del río Huallaga, lugar donde estos insectos proliferan.
Es inaceptable que, año tras año, los huanuqueños sigan sufriendo esta plaga sin que se tomen medidas correctivas. Sin embargo, la solución es obvia y está al alcance: limpiar las riberas del río, eliminar los criaderos y fomentar una mayor participación ciudadana en estas labores. Se requiere un trabajo conjunto entre las universidades, los vecinos y, por supuesto, un liderazgo decidido por parte de las autoridades.
Es urgente que los municipios de Huánuco, Amarilis y Santa María del Valle actúen de inmediato. La limpieza del río Huallaga y sus alrededores no puede seguir postergándose. Este flagelo, aunque no ha derivado en enfermedades graves, afecta directamente la calidad de vida de los ciudadanos. La inacción de las autoridades refleja no solo una falta de empatía con la población, sino también una preocupante incapacidad para gestionar los problemas reales de la región.
Huánuco no puede seguir viviendo bajo el asedio de una plaga que tiene solución. Es momento de que las autoridades dejen de ignorar las necesidades de su gente y asuman la responsabilidad que les corresponde. La salud y bienestar de toda una ciudad están en juego.




