Por León Trahtemberg
¿De dónde han sacado que PISA mide la calidad de la educación de los países y que prevé el desarrollo futuro de su sociedad? Eso es tan periférico como usar un análisis de orina para saber si la persona tiene cáncer al cerebro o si sufre de problemas cardiacos.
Explicaré por analogía lo que hacen las pruebas PISA. Supongamos que queremos mejorar el nivel de vida de una ciudad. Los diversos estudios científicos muestran que los problemas de la ciudad (de mayor a menor) son la inseguridad, corrupción, transporte, contaminación, colas en servicios, y hacia el final aparece la falta de iluminación y estética urbana.
El alcalde decide que va a mejorar el nivel de vida pintando fachadas y colocando postes de luz, porque pese a ser temas marginales, siente que es fácil de observar, medir, hacer obra y comparar de un año a otro. Sin ninguna base científica se inventa la teoría que dice que de la pintura e iluminación depende el progreso de la ciudad y que en 15 años eso se va a notar. Mientras, los principales problemas de la ciudad quedan tal cual.
Lo mismo hace la OECD con PISA. Los grandes temas que atraviesan la falta de calidad educativa de la población tienen que ver con pensamiento crítico y disruptivo, aprender a aprender y preguntar e indagar, capacidad de innovación, pensamiento creativo, bienestar socioemocional, solvencia digital, resolución pacífica de conflictos y convivencia, habilidades blandas, ciudadanía, inclusión, discriminación, autoestima, y claro, también saber leer y calcular.
PISA (y copiándolo los ministerios de educación) deciden que lo que es más fácil de medir en un formato estandarizado y comparar entre colegios o países son los resultados de lo que marcan los alumnos mediante respuestas pre establecidas a las preguntas antojadizas y descontextualizadas que se les pone al frente, sobre una lectura y unos problemas de matemáticas arbitrariamente planteados, para los cuales los alumnos deben entrenarse. Esos puntajes les servirán a los autores para proclamar quién tiene una educación de calidad y cómo obtenerla.
Mientras, los grandes problemas de la educación siguen vigentes. Pero además, se frena cualquier intento innovador, porque los ministerios tienen que rendir cuentas por los “logros” en matemáticas y lectura.



