Por: Iraldia Loyola
Mientras el viento balancea las ramas del Eucalipto, en el cielo, sobre nosotros, la nube blanca se torna gris, empieza a moverse lentamente, nos anuncia la llegada de la lluvia. Las manos del artista van creando colores para añadirle a cada pincelada un poco de magia y detiene el viento, la lluvia y las hojas secas mientras caen.

En el horizonte las cementeras han empezado a florecer, el verdor de cada espacio ilumina el sendero de los caminantes que a veces van de prisa para llegar a la ciudad. La sombra del espacio elegido en la mañana, va creando en el lienzo una paisaje sombrío, por cuyo centro discurre un riachuelo.
A unos pasos de nosotros, un pequeño oso blanco va tomando forma, viste un abrigo casi del color de la cabuya. Tiene la mirada fija en el horizonte. Ese horizonte por donde antes caminamos.
Por alrededor de 20 minutos nuestros pasos han seguido el sendero que atraviesa la carretera, una vez arriba mis compañeros han elegido el encuadre del paisaje que van a retratar. Nos hemos detenido frente de una imponente cabuya, nos rodean eucaliptos, molles, cabuyas pequeñas y al frente un campo de alfalfa.
Huacar ha sido el destino elegido para esta sesión de pintura al aire libre. He acompañado a tres artistas jóvenes que desde hace ya algunos meses después de la pandemia se han juntado para cultivar la pintura. Federico Obregón y Julio Meza, darán la oportunidad al paisaje para retratar y permitirle detenerse en el tiempo. Alicia Yadira acude a una hoja seca, para cobijar en su interior un nuevo personaje.
“Hemos venido al bello pueblo de Huacar para retratar sus paisajes en este estudio en el campo, que se realiza de manera rápida, luego pueden ser retocadas incluso en nuestros talleres, pero la idea es estudiar un poco el paisaje, el ambiente, copiar la sensación del ambiente que nos rodea, para transmitir esa sensación al que pueda apreciar el cuadro”, nos explica Federico Obregón, después de la pandemia se fue a vivir a Tomaykichwa en busca del paisaje que ha ido desapareciendo con el tiempo, para ceder el paso a las ciudades, que crecen desordenadas.

En esta zona hemos encontrado mucha vegetación, algo que ha llamado la atención de los artistas, ya que siempre buscan oportunidades para hacer paisaje, no solo con el afán de tener colecciones de pinturas, si no con la necesidad de generar conciencia y reflexión. En años venideros muchos de estos paisajes serán desplazados por las poblaciones, nuevos niños y jóvenes solo podrán apreciarlas en pinturas.
Esta es una forma de dejar hitos en la historia, de cómo va evolucionando los paisajes en nuestros pueblos, no solamente Huánuco centro, si no los pueblos alrededor de nosotros. “De aquí a 5 o 10 años todos estos paisajes van a sufrir cambios drásticos, por ello nuestro trabajo permite retratar estos espacios ahora. Creo que más adelante servirá a los nuevos niños y jóvenes para apreciar lo que nosotros podemos ver de cerca y sentir, algo que quizás ellos ya no van a tener la oportunidad”, finaliza Obregón.

Alicia Yadira, se ha posicionado junto a un árbol de tronco fuerte, cerca al sendero que sigue en ascenso. Nos ha causado gran impresión su modo de encontrar un equilibrio entre el arte y la naturaleza. Ahora más que nunca hay en los artistas la necesidad de generar una corriente sobre cuidado del medio ambiente.
“Desde pequeña me ha gustado pintar y dibujar, a medida que iba creciendo me fui encontrando en el campo, en la naturaleza, mis papas han nacido allá y creo que todo eso influye en mi para desarrollarme dentro del arte. Un día fui de viaje a la casa de mi abuelo en Dos de Mayo, encontré hojas secas de Eucalipto en el piso, las recogí y me puse a dibujar sobre ellas. Mi abuelo se dió cuenta y me dijo que recogiera más. Así empezó esta aventura. Recogía las hojas, pase por el proceso de secado, fui viajando y encontré más hojas, ese es mi vicio por ahora”, nos cuenta, es autodidacta, ya en una nota anterior conocimos algo de ella por su participación en una muestra en Pucallpa.
En el proceso de su trabajo Alicia crea sus personajes que en su mayoría son hongos, su proceso creativo parte de una selección especial de hojas de diferentes tamaños, para después secarlas por un determinado tiempo y finalmente usarlas. “Los personajes que realizó parten desde mi infancia, mi papá es profesor, me daba la libertad para usar mi creatividad, eso me ha ayudado mucho. Me inspiro en el reino Fungi, que es uno de los reinos más antiguos que ha existido en la tierra. La verdad me encanta estar en el campo, siempre que puedo salgo, por fin pude encontrar personas con las que comparto el arte, pero también ese respeto y amor por la naturaleza”, nos explica finalmente.
Unos metros más arriba, Julio Meza ha elegido un árbol solitario que se mece sobre la colina, ha elegido pintar en esta zona, por el contraste entre el cielo y el árbol. Julio dentro del grupo es algo solitario, tal vez por ello su elección.

“Casi no hago paisaje realista, siempre que deseo hacer paisaje quiero ponerle algo que sea surreal, detalles pequeños como hojas de otro color, un matiz distinto que rompa un poco con el color real. Para que juegue y combine. Pienso que la naturaleza no es perfecta, muchas veces la encuentras aburrida, en cambio si le añado esos matices surreales van creando nuevos modos de ver. Por eso cuando elegí el lugar puse el cielo a un lado del árbol”, Julio también es ceramista, en varias ocasiones lo hemos visto pintar en sesiones de pintura al aire libre. Le encanta el surrealismo, pero de un modo más simbolista. No solamente para alterar la realidad sino también para agregarle algo de simbología basada en los conocimientos, la historia, hechos reales, etc. En sus palabras, para transformar el conocimiento que ya existe.
Para finalizar nuestro trabajo, le preguntamos ¿por qué salir al campo? “Salir al campo y retratar desde el mismo lugar es mejor. Una foto no tiene la misma gama de colores que tiene la realidad. La realidad es más rigurosa, porque está presente, eso te ayuda a practicar y mejorar la vista. Con estas salidas queremos mejorar nuestros trabajos y que también mejore el arte en Huánuco porque está un poco estancado y creo que eso es justamente porque no salen a pintar en paisajes reales y tienen como referencia muchas veces solo una fotografía, eso dificulta mucho la evolución, a veces, al menos la evolución en lo que es color y paisaje”, explica finalmente Julio, quien hace también una invitación a todos los jóvenes y personas que desean acompañarlos en las siguientes sesiones al campo.

Decía el maestro Arturo Caldas, que la música es como pintar un cuadro, cada nota, cada compás son como darle una pincelada a ese cuadro en los colores y tonalidad que uno desea, pero no para corromperla, sino, para generar armonía. Reflexionado sobre ello, entonces la pintura es también poesía, libertad y reflexión. Poesía que entona junto al sonido del viento, libertad, al color de los paisajes, esperanza y para cuando llegue a nuestros ojos, sus semillas germinen en nuestras mentes y corazones.




